Este texto fue uno de los participantes del Clan de letras edición febrero cuya temática fue amor y desamor

Compartir:

Yo soy rielera

Yo soy rielera

Escrito por Anilu Zavala Alonso, 15 Apr · No. de Visita: 182


Adela, primero te pedí perdón
 

Adela sumerge su afilada naricilla en los archivos. Los huele y los percibe, gozosa. Los aspira como buscando alivio y encuentra las historias de estas mujeres de revolución que la ayudan a escapar de esa realidad aburrida y monótona que implica la vida establecida de pareja. Rutina y más rutina. Despertar, sonreírle, levantarse, bañarse, desayunar y acudir hasta donde sea necesario para revisar documentos. Mira las fotografías como quien sale a pasear, se mete en las otras para construir instantes propios.  Siempre pasa los dedos enguantados con delicadeza, pero cuando está a solas, en un acto provocador de abierta desobediencia, se quita los guantes de algodón y recorre con la yema de sus dedos las fotografías como intentando asir instantes. Los relámpagos de esas mujeres revolución, con faldas largas que no dejan asomar los pies, cubiertas casi siempre con rebozos. Soldaderas a quienes fue arrancada la felicidad de la cara por la tropa, la revuelta, el hambre y la Revolución, siempre con la cocina a cuestas.

Terminaba la universidad cuando conoció a Juan. Desde aquel momento, Adela buscaba su propia revolución, la traía por dentro, pero no sabía cómo hacerla, cómo iniciarla. Creyó que la hacía yéndose a vivir con él, intentando transgredir el orden familiar tan tradicional. Empezó  a estudiar archivos revolucionarios y eso la llevó a estas mujeres con cananas y sus historias de vida, como si su nombre la acarreara a la bola como un sino. Así llegó a las rieleras, las marietas, y las coronelas. Adela se enfrasca horas en el rastreo de fuentes, en las entrevistas y los archivos; tiende líneas, hace mapas como espía, se pregunta cuáles habrán sido los anhelos, las consignas políticas, los sueños de amor, y los sueños de revolución de esas mujeres. La mirada morbosa y perversa que desarrolló a partir del arte de asomarse en la vida de las otras, le ha ayudado a resistir.

Adela regresa todas las tardes al departamento de la costumbre, ya casi de noche, atraviesa el pasillo y se encuentra con Juan, que está en la cama viendo televisión, en mangas de camisa, ya sin la corbata de figuritas que escoge dependiendo del día de la semana, del humor y de la complejidad de la audiencia a atender en los juzgados. Lo ve ahí tirado, tan sin sueños, tan urbano, tan moderno. Tan limpio y encamisado. Tan apacible y aburrido. Tan abogado, pues. Tan catrín y bien peinado.

Después de vivir juntos por un tiempo, llegó el necesario e ineludible compromiso matrimonial, como marcan los cánones de las familias post-post revolucionarias de las clases medias persignadas. Su pobre revuelta quedó atrás, empolvada después de la retahíla de valses revolucionarios y alegres polkas que se bailaron en la pomposa boda llena de colores pastelosos, con invitados disfrazados de fifís. Después de semejante fiesta, vinieron algunos viajes y los años de costumbres compartidas, sin revolución.

Y mientras revisa archivos en medio de la rutina, llega él, irrumpiendo como cometa franqueando la turba. Se cruza en la vida de ella, con su uniforme cubierto de instantes; vestido de mezclilla, manta o gabardina, camisas sueltas de colores claros, con botones dorados y muy brillantes, como los de Villa.

Desde hace semanas percibe en él ese olor a café y amor nuevo que enloquece siempre.

Adela deja pasar muchas veces los coqueteos, los guiños y los roces. No los quiere ver, o tal vez sí, pero no se atreve a mirar. No se atreve a voltear. 

Todo su universo de referentes se vuelca en un anhelo. Un montón de lugares comunes llegan a su mente: baños, trenes, escaleras, cocinas, salones de baile, y cuerpos desnudos en el suelo. Y ahí está él, con el café diario que transgrede y las conversaciones cotidianas. Ella trasuda, se sonroja. Se toca la cara. Se moja. Intenta soplar aire con sus manos. Adela se inunda de universos plasmados en imágenes mientras pasa el dedo por sus labios siguiendo el ritmo del sonido lejano del disparo de la cámara que registra cada archivo. Y suspira. Reconoce el aroma polaroid que los une en el espacio.

De paseo por la galería, un domingo en la mañana, Adela intenta hacer revolución. Mientras miran las fotografías en la pared, lo ve rudo y bien plantado, repleto de universos creativos blanco y negro, que libera en ratos libres como éste, entre registro y registro documental. 

Él ilumina el espacio.

Hay amores que retan el intelecto. Hay amores que huelen a insurrección.

Mientras cruza el pasillo de la rutina, Adela tararea haciendo honor a su nombre: y si Adelita se fuera con otro… Cierra contundente la puerta del departamento, cruzando el umbral del hastío en cinco pasos, para finalmente montarse sobre el cuerpo que todas las noches cobija la rutina, para hacer por fin revolución.

 

Fotografía: The Mazatlan Post / CRONOS


Autor:

Anilu Zavala Alonso

Etiquetas


Populares Elementum


1
01
ein Gericht, das am besten kalt serviert wird

Escrito por Erasmo W. Neumann
18 Jul

02
Lotería. Compilación de cuento un libro muy a la mexicana

Escrito por Editorial Elementum
12 Jun

03
14. Der goldene Hahn

Escrito por Erasmo W. Neumann
16 Jan

04
Keep Walking

Escrito por Alessandra Grácio
14 Sep