Líneas de vida en Querétaro

Escrito por Editorial Elementum, 02 Aug.

El martes 30 de julio, Guadalupe López, Olga Tirado, María de Lourdes Murillo, Liliana Acosta autoras de Líneas de vida. Una puerta al ayer, acompañadas por la tallerista Diana Pérez presentaron su obra en las instalaciones de la Feria del Libro de Querétaro, en el marco del marco del Festival Maxei 488 Aniversario, con un lleno total del recinto.

Algunos asistentes acudieron a la presentación a raíz de una entrevista radiofónica con las autoras, donde los radioescuchas se interesaron por el proyecto y se dieron cita para escuchar y convivir con las autoras.

Liliana Acosta nos contó que esta presentación editorial fue distinta a las anteriores, ya que tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias con público diverso, lo que logró nutrir el diálogo.

Las autoras mencionaron que, al compartir sus experiencias, éstas se convierten en memoria colectiva que suaviza el alma y que calma emociones, porque en palabras de Acosta, Líneas de vida es un libro escrito con el corazón y esto representa una motivación más para continuar con la promoción.

Líneas de vida. Una puerta al ayer nació a través de Agustín Cadena, quien propuso a Editorial Elementum organizar un taller autobiográfico con mujeres valientes que se atrevieran a compartir sus historias a través de la escritura para, posteriormente, publicar un libro.


Próximas fechas de presentaciones editoriales:

28 de agosto 2019
18:00 horas
Auditorio Nicolas García de San Vicente
Feria Universitaria del Libro 2019, UAEH
Polifórum Carlos Martínez Balmori
Ciudad del Conocimiento, Pachuca-Tulancingo Km. 4.5, Carboneras, 42184 Hgo.


6 se septiembre 2019
18:00 horas
Museo de la mujer
Calle República de Bolivia 17, Centro Histórico de la Cdad. de México, Centro, 06020 Ciudad de México, CDMX

 

 

Los 5 mejores libros para docentes

Escrito por Editorial Elementum, 15 Aug.

La niñez de hoy en día necesita rodearse de un ambiente escolar distinto al que se ha imitado durante décadas, el cual provea una oportunidad de aprendizaje al cien por ciento de quienes están presentes. Así los docentes frente a grupo se encuentran a diario con la disyuntiva de confiarse a modelos basados en la repetición y el almacenaje de información o a brindarles experiencias de aprendizajes que puedan relacionar con su entorno y a la socialización de aquello que pueda transformarse en habilidades y recursos. En este regreso a clases te compartimos una lista sobre el mejor material bibliográfico para tu regreso a clases como docente.

  1. Elogio de la educación lenta

Autor: Joan Domènech Francesch
Editorial: Grao

 

‘Más’, ‘antes’ y ‘rápido’, parece que estas son las máximas bajo las cuales se rige la sociedad hoy en día. Pero esto no implica que sea lo mejor. La educación lenta defiende el saber encontrar el tiempo justo para cada uno y aplicarlo en cada actividad pedagógica, es decir, ajustar la velocidad al momento y a la persona, atendiendo a la diversidad de ritmos de aprendizaje.

 

 

  1. Dispositivos digitales móviles en Educación

Autor: E. Vázquez-Cano y M. Luisa Sevillano
Editorial: NARCEA, S.A. DE EDICIONES

La aparición de los dispositivos digitales móviles ha llegado con fuerza al mundo de la educación, y en este libro se exploran tanto sus riesgos como sus oportunidades asociadas. Uno de los libros de pedagogía más recomendables para estar al día en estos temas.

 

 

  1. Construir personae. Cómo llevar el constructivismo real a las nuevas generaciones

Autor: Alfonso Pescador

Editorial: Elementum

Las exigencias de los alumnos son cada vez mayores: demandan movimiento, estrategias y técnicas pedagógicas diferentes e innovadoras que incluyan al factor diversión y consideren los distintos estilos de aprendizaje; el docente debe ser un facilitador y no un simple emisor de conocimientos para memorizar. A través de la exposición de experiencias protagonizadas por niños, docentes y el propio autor, Construir personæ presenta diversas situaciones para las cuales no hay didácticas convencionales. Ante este panorama, esta obra ejemplifica alternativas de educación que brinda el constructivismo, donde los conocimientos son una herramienta clave que coadyuva a solucionar problemas y realizar propuestas.

 

 

  1. Las altas capacidades en la escuela inclusiva
    Autor: María Sánchez Dauder

Editorial: Horsori

En este libro se explican, en forma de cuento, diferentes propuestas para hacer que las necesidades educativas de los alumnos con altas capacidades y las del resto del alumnado puedan llegar a encajar sin romper la armonía en el aula.

 

 

  1. Educar Hoy

Autor: P. Bronson y A. Merryman

Editorial: SIRIO

Un libro basado en descubrimientos sorprendentes acerca de cómo piensan y actúan los más jóvenes. En sus páginas se habla sobre temas tan importantes como la agresividad en niños y niñas, cuándo empiezan a mentir y por qué lo hacen, las riñas entre hermanos, etc. Puede ser útil tanto para padres y madres como para profesionales de la educación.

 

 

Fuente: https://psicologiaymente.com/cultura/libros-de-pedagogia

 

Un día normal

Escrito por Julio César Acosta, 05 Sep.

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Tic-tac, tic-tac, tic-tac. El reloj avanzaba, la ciudad se ahogaba en oscuridad, las luces daban vida al miedo de las madrugadas, el asfalto comenzaba a tener movimiento: pisadas, llantas, basura y escupitajos comenzaban a adueñarse del espacio; en el horizonte, unos deprimentes rayos de sol se asomaban como si no quisieran salir hoy, como si no hubiera esperanza… así se ven todas las mañanas desde aquella entrada de metro en la Ciudad de México.

En una esquina, sobre huacales viejos y flojos, reposaban dos charolas grandes y largas, dentro de ellas había mazapanes, ricaletas, bomba chile, juguitos de triangulito, diez cajas grandes de chicles —a la gente le gusta que huela bien su boca cuando miente—, y aguas, muchas aguas, pues cuando inicia la tarde, la entrada al metro parece boca hacia el infierno y el piso se enciende intentando contener el azote largo que el sol y la alta contaminación dejan caer con furia. En ese espacio sucio y alumbrado sólo con la luz tenue de una pequeña lámpara de leds llegaba Sergio Sánchez cargando una hielera repleta de agua fría que momentos despúes colocó en el piso. Su mujer, del otro lado del puesto, le ofrecía un vaso cargado de café caliente y un pan, desayuno emblemático del México de clase media.

La ciudad con su furia hacia presión: las luces de los autos se mezclaban con su infinidad de sonidos, las primeras mentadas de madre del día acompañadas de un armónico chiflido típico de los chilangos, rostros secos entraban y salían del metro y la mañana daba los buenos días con mal rostro. Son las 7 a. m. y todo está despierto. Don Checo ha terminado de poner su puesto, el día apenas comienza para él. Su vida ha cambiado en los últimos 15 años, pues el hambre, como a muchos en nuestro país, lo obligó a cambiar los amaneceres más hermosos de México por los apresurados días en el D. F. (como él aún le llamaba). Toma su hielera sucia y vieja, la sube a su diablito y como ritual azteca en un proceso casi perfecto comienza a cargarla de papas, café, aguas, cigarros y tortas de milanesa y queso de puerco que su esposa prepara todas las madrugadas en punto de las 4 para vender, apresurado —pues el tiempo es dinero para ellos—, comienza a pasar por el largo pasillo lleno de puestos, poco a poco Sergio se va perdiendo entre el infinito movimiento de la gente acompañado de su grito: “Tortas, café, aguas para despertar… Tortas, café, aguas para sonreír…”

2 p. m., la tarde avanzaba. Los sonidos del metro y las cumbias de antaño se escuchan y es como si el tiempo se detuviera; la garganta se ha secado de gritos y Checo ve su face, las noticias de la tarde se llenan de likes y los niños están a punto de llegar de la primaria. Frente a la calle una patrulla llega de manera abrupta y nadie se inmuta, ya son imágenes cotidianas. Tres policías encapuchados vigilan, una señora con bata abre la puerta y junto a ella baja el comandante, un hombre chaparro y con fortaleza en el cuerpo, la señora con voz directa señala. Está a punto de cambiarle la vida a Sergio Sánchez: jamás olvidará la mirada llena de ira de quien con su dedo le ha quebrado la vida.

Sergio Sánchez es ahora un homicida. Esta fue la declaración que condenó a Sergio Sánchez, indígena mazahua, a 27 años y 6 meses de prisión por el delito de homicidio calificado. Checo, como lo llamaba su mamá, fue aprehendido por 10 sujetos que lo sometieron y lo llevaron detenido al Ministerio Público. Después de eso su familia no lo volvió a ver…

 

 

Sergio despertó a la mañana siguiente amarrado en una silla; el ojo hinchado y moreteado le hacía ver borroso, frente a él  un hombre dormía sobre un sillón. Entre balbuceos y con su mandíbula rota alcanzaba apenas a pronunciar: “agua, agua”, el hombre en el sillón despertó con un sobresalto, “Puta madre cabrón, yo te iba a dejar descansar un rato y sales con tus mamadas, ¿quieres agua? Aquí está la pinche agua”. Con odio en los ojos tomó una cubeta de agua helada y la dejó caer de frente a Sergio, una carcajada larga llenó de sonido el lugar que se mezcló con gritos largos de Checo: ¡Ya, por favor!”. “Ya por favor, ya por favor… chingas a tu madre cabrón. ¡Confiesa, pinche indio!”. Una bolsa cubrió su cabeza, las manos se laceraban con el ixtle que las unía a la silla, sus pies intentaban moverse pero era imposible. La impotencia invade a Sergio y se pregunta qué hizo.

El dolor es infinito, piensa que es un mal sueño, de esos que se tienen cuando se comen 10 tacos por la noche, está a punto de perder el conocimiento, su cuerpo comienza a perder fuerza. La bolsa se detiene, el joven toma de una mesa vieja de plástico una bolsa con un celular y la navaja con la que Sergio asesinó con 20 puñaladas — según la versión del hombre—. “Con-fie-za-, hijo de tu puta madre. Si no lo haces me voy a coger a tu pinche vieja india y voy a chingarme a tus dos pinches escuincles pata rajada”. Sergio comenzó a llorar, ha sido la peor noche de su vida y le preguntaba a Dios qué ha hecho para merecer esto. Y como si él lo escuchará, cual luz celestial, arriba del sótano se abrió una puerta. Dos hombres con pistola en cintura bajaron y sin cruzar palabra desamarraron a Sergio con un procedimiento casi mecánico para llevarlo a los separos. Un médico entra a inspeccionarlo, una luz directa a los ojos, pupilas dilatadas, lengua ensangrentada, con algodón limpia las heridas del rostro moribundo de Sergio. Una enfermera llega con un kit de limpieza para secarle el cabello y un guardia entra para entregarle unas hojas al hombre de la bata.

En un acto casi fúnebre, la enfermera sale acompañada del doctor y el guardia comienza a sacar de una bolsa negra un pantalón, una camisa color caqui y un par de zapatos negros nuevos que coloca sobre los pies sucios y mojados de Sergio.

Son las doce de la tarde, el sol afuera de los separos quema las almas de los que se mueven entre la acera. En las oficinas de los Juzgados, un ruido incesante de dedos que dictan palabras a las computadoras, teléfonos que no dejan de sonar y esperan ser contestados; en el rincón al fondo, un juez lee los últimos datos aportados por la fiscalía para dictar sentencia. El día avanza y todo tiene que ser rápido, el juez llama a comparecer al acusado. A un costado, entre rejas, aparece desvariado Sergio Sánchez, un oficial le lee rápido y sin entenderse sus derechos, por segunda ocasión la señora lo señala como principal responsable. El juez con la justicia en sus palabras dicta auto de formal prisión: 27 años y 6 meses  de cárcel por el delito de homicidio calificado en primer grado. Sergio Sánchez no verá más a sus hijos, no venderá más aguas en la entrada del metro.

Juicios, comparecencias, cientos de revisiones, tiempo, meses y vidas han pasado, el indígena Mazahua extraña el olor del bosque por las mañanas, los atardeceres infinitos llenos de melancolía, extraña a su madre que partió de este mundo un par de años atrás sumergida en tristezas por su hijo encarcelado. Siete años… siete años de un caminar lento que en México sucede cuando hablamos de justicia.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac. El reloj avanzaba, la ciudad se ahogaba en oscuridad, las luces daban vida al miedo de las madrugadas, el asfalto comenzaba a tener movimiento: pisadas, llantas, basura y escupitajos comenzaban a adueñarse del espacio; en el horizonte unos deprimentes rayos de sol se asomaban como si no quisieran salir hoy, como si no hubiera esperanza. Siete de la mañana, la ciudad comienza su día, los pájaros en los cables viejos y sucios chiflan cual si estuvieran encabronados, frente a ellos, una alarma ruidosa anuncia la apertura de una puerta inmensa, la gente afuera se amontona, todos observan el espacio que va dejando ver la lenta apertura de la puerta, una mancha deforme y negra se posiciona frente a los pequeños rayos del sol que comienzan a asomarse, una silueta se dibuja y parece que lo escupen las puertas y cual ritual de parto se va dejando ver un hombre, que se convierte en llantos de dos jóvenes, de una señora que se queda paralizada al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas… Es Sergio Sánchez, el hombre al que el reclusorio abortó, el hombre que volvió a nacer en esta ciudad que día a día se pudre. Que día a día se apaga.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac. El reloj avanza y la vida se apaga.

 

Historia basada en Sergio Sánchez, indígena mazahua que fue acusado de un homicidio y fue sentenciado por un delito que no cometió. Gracias a una asociación en defensa de los derechos humanos ha podido comprobar que es inocente y fue liberado después de siete años encarcelado. La violación a sus derechos humanos fue total convirtiéndose en un indígena más que es enjuiciado de manera ilegal. Sirva este texto para hacer lucha desde las letras y hacer un homenaje a los indígenas violentados por el simple hecho de compartir este país lleno de tanta riqueza cultural.