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Todos los nombres

Escrito por Ana Gabriela Morales Rios, 21 Jan.

“Es por ella, pero es por todas las hijas de las demás mujeres de México…
entonces seremos nosotras las que digamos, hasta la muerte, que sí valemos…”
Marisela Escobedo/ Madre activista asesinada frente
al Palacio de Gobierno de Chihuahua, Méx.

 

Hola… ¿Tienes un momento? Siento molestarte. ¿Que no tienes tiempo? Lo sé, de verdad me da mucha pena, pero mi mamá quiere que te aborde. Ya lo sé… ella piensa que nadie debería ignorarme o pasar sin atenderme, ya sabes cómo son las mamás. La mía ha gastado cada quincena en mí, y eso cuando puede trabajar, porque cada minuto de cada hora de cada día, su principal objetivo soy yo y ha dejado de hacer sus cosas por dedicarme su vida. Sé que te parecerá exagerado… ¿Que tu familia te espera y se te hace tarde? Discúlpame, ¡es que mi mamá es tan insistente, tan terca! Creo que sólo me tiene a mi… ¿o yo a ella?... de pequeña me abrazaba tan fuerte que los latidos de su corazón en mi oído eran la música con la que yo dormía y soñaba.

En fin, ¡perdón! me desvío fácilmente. No quiero importunarte más, sólo te pido que levantes la vista, detengas tu andar y me mires. Mira mi foto. ¡Si!, esa que está pegada en cada pasillo del metro, en cada poste de luz. Esa que por título lleva Alerta Amber. Sólo dame un minuto, hazme saber que mi vida y mi nombre importan y de paso, ayudarás a construir un puente visible con el que podrás cruzar la indiferencia si un mal día, como le ocurrió a mi mamá, lo necesitas.

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La búsqueda de la esfera perfecta

Escrito por Adip Juárez, 14 Jan.

Como todos los años, uno de los eventos más esperados es poner el arbolito de Navidad. No conformes con sacar, desempolvar, todos los adornos, poner las luces, planear el nacimiento, sacar las escarchas, cambiar juegos de baño, manteles de nochebuenas, cortinas, servilletas de cocina, al papel de baño con un cambio de olor de fresco amanecer a noches invernales, ¡como si quisiera el trasero festivo! ¡Todavía hay que modernizar el tema del arbolito!, como si llegara Santa y te dijera ¡No manches otra vez dorado con rojo y los mismos bastoncitos, ya cámbiale mano! pero ¿por qué? Esa incesante búsqueda de perfección, del color indicado, que combine con el pie de árbol, que la estrella esté orientada al norte etc.

¡No, ya no puedo! No soy el Señor Scrooge, ni el Grinch, pero es demasiado.

Como buen mexicano, previsor, ahorrador, que se respete, después de día de muertos, ya debe estar planeado las compras de Navidad, con quien ir a cenar este año; en casa de la mamá o de la suegra, los regalos, el intercambio en la oficina, en fin, ¡pero no, todo es al momento!, eso sí, ya estamos comiendo en noviembre rosca de Reyes, manterroscas, conchirroscas o qué se yo.

No fue hasta que mi esposa, leyendo una revista de moda, de esas donde salen casas soñadas, con muebles de roble, chimeneas más grandes que mi carro, pisos de mármol de carrara y en la zona chic de Nueva York, vio el árbol soñado, típico esos que, con sólo verlo, sabes que te va a costar hasta el último centavo de tu aguinaldo, justo el mismo que quiere poner en nuestra casita de interés social, ubicada cerca de lo más gacho de la zona de mayor índice delictivo de la ciudad.

Para no hacerla cansada, salimos a primera hora a las tiendas, ¡buscamos en todas!, nuestro objetivo: esferas transparentes con chocolates blancos y amargos en su interior (chocolates que nunca podremos degustar, ya que tendríamos que romper las esferas y verificar que no tuviera vidrios), en la parte superior espolvoreadas con nieve artificial y una cadenita dorada en lugar de gancho.

Buscamos en línea, catálogos, fábricas, tiendas departamentales, tiendas especializadas en venta de adornos navideños, búsquedas internacionales por Mercado Libre, Amazon, Aliexpress, en fin, ya se imaginarán la cruzada fantástica en la búsqueda de la esfera perfecta.

Después de dos semanas, el gran resultado: un árbol de $350.00 pesos, que parece más arbusto que árbol, la serie del año pasado, que sólo funciona al 30%, 4 metros de escarcha dorada, dos latas de nieve artificial, pie de árbol con figura de muñeco de nieve, la estrella de cartoncillo pintado y brillantina dorada, los bastoncitos de dulce ya rancios y pegajosos, en medio de esta imagen navideña que en nada se compara con la revista chic neoyorquina, que mi mujer se empeñaba en reproducir en esta humilde casa. A 75 cm, como parte central de nuestro árbol de Navidad, una esfera de vidrio soplado transparente, con fina nieve artificial decorando su superficie y dentro de ella dos chocolates: uno oscuro y uno claro, con una cadenita de 5 cm para colgar. Tal vez no es lo que imaginábamos, pero estamos todos reunidos y en familia. Creo que en realidad el fin era ese. La búsqueda ha terminado.

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Futbol para Eugenia

Escrito por Hortensia Moreno, 11 Jan.

Debo confesar que a mí no me gusta el futbol. En repetidas ocasiones he llegado a decir que lo aborrezco, aunque eso quizá no sea sino una exageración. Lo cierto es que me mata de aburrimiento. Me parece un juego largo, monótono y demasiado simple. No obstante, reconozco que se trata de un espectáculo popular y nunca deja de sorprenderme la forma en que la vida se interrumpe en la ciudad de México cuando hay un partido importante. La calle se pacifica, se deshabita. La gente se concentra. En la unidad donde vivo, el entusiasmo se oye de ventana a ventana. Se respira expectación. Cada gol se celebra o se lamenta con gritos que provienen de las entrañas. No hay experiencia igual: tan colectiva y a la vez tan íntima.

Ahora bien, como hice mi tesis de doctorado sobre boxeo femenil, no tuve más remedio que familiarizarme con ideas y discusiones sobre el campo deportivo. Un autor que cito en otra parte dice que ignorar las expresiones deportivas en el mundo actual sería equivalente a tratar de entender la vida en la Europa medieval sin tomar en cuenta el papel de la iglesia católica.1 No me parece exagerado pensar el deporte como una mística, como una búsqueda religiosa (en la acepción de re-ligare) y una formación de comunitas, tanto en la práctica deportiva como en su exhibición.

El amor a un determinado deporte amanece temprano o no amanece. Y se realiza sólo en el conocimiento profundo que se deriva de la práctica. El deporte es sobre todo una experiencia del cuerpo. Cuando se practica desde la infancia, un deporte se vuelve consustancial de la persona: se integra a su habitus, a su hexis corporal. Pero nunca es una experiencia individual.

La comunitas del espacio deportivo se propicia en el campo de juego, pero también en el proceso iniciático por medio del cual una persona adulta conduce a una criatura hacia el campo. Varias autoras subrayan la influencia decisiva de un padre en la vocación deportiva de su hija. En un mundo donde la actividad se identifica tan cerradamente con los varones, la transmisión del secreto exige la presencia de esa figura fuerte —el padre apasionado— en el aprendizaje de la nueva actividad por parte de una niña.

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Hay muchos testimonios en la etnografía feminista del deporte donde se puede leer este proceso: es el padre el que lleva a la chiquilla al estadio, el que le enseña a usar el bat, el que le explica las reglas. Y es por amor al padre que muchas mujeres se enamoran de algún deporte. A mí me faltó ese aprendizaje porque mi padre ha estado desde toda la vida negado por completo no sólo para el deporte, sino para cualquier tipo de juego.

No obstante, desde que me acuerdo practico —de manera torpe e indisciplinada— alguna actividad física. Me acuerdo de mí colgada como chango de los juegos de tubos

del parque, junto a la escuela, a una cuadra de mi casa. En la primaria fue el basquetbol, porque mi maestro de quinto me invitó a formar parte de un equipo. En secundaria y

prepa, la gimnasia olímpica. Y ahora voy a nadar dos o tres veces a la semana, nada más para que la computadora no me acabe de romper la espalda.

Insisto, siempre he sido más bien maleta. Le echo la culpa a la miopía, a los lentes de culo de vaso. Pero hay también una torpeza fundamental y una equivocación de origen: la gimnasia exige un cuerpo compacto —y el mío se desparrama como verdolaga—, exige equilibrio y fuerza de los que carezco por completo. Hay acá una condición individual, pero también hay un problema de género. Como dice Iris Marion Young, la ineptitud de las mujeres en el campo deportivo refleja modalidades del comportamiento del cuerpo femenino —de su manera de moverse y de su relación con el espacio— que parecen subrayar las diferencias físicas entre hombres y mujeres. Young detecta diferencias típicas en la manera en que hombres y mujeres manejan sus cuerpos:

No sólo hay un estilo típico para lanzar [una pelota] como niña, sino que hay un estilo más o menos típico de correr como niña, trepar como niña, columpiarse como niña, golpear como niña. Lo que tienen en común, primero, es que no se pone todo el cuerpo en un movimiento fluido y dirigido, sino que más bien, al balancearse o al golpear, por ejemplo, el movimiento se concentra en una parte del cuerpo; y segundo, que el movimiento de la mujer tiende a no alargar, extender, inclinar, encoger o seguir hasta el final la dirección de su propósito.

Muchas mujeres con frecuencia respondemos al movimiento de una pelota que viene hacia nosotras como si viniera contra nosotras, y nuestro impulso corporal inmediato es quitarnos, agacharnos o protegernos, porque, en apariencia, el miedo a salir lastimadas es mayor en las mujeres que en los varones. Eso, desde luego, significa una enorme desventaja cuando una quiere jugar futbol. Pero esa desventaja, según la autora, no es una característica “natural” de las anatomías de las mujeres, sino el resultado de la falta de práctica en el uso del cuerpo y en el cumplimiento de tareas, porque a la mayoría de las niñas y las mujeres no se nos estimula tanto como a los varones para desarrollar habilidades corporales específicas. Porque los juegos de las niñas son más sedentarios y encerrados que los juegos de los niños.

Christine Mennesson habla inclusive de una “cultura de recámara”, donde crecen las niñas, por oposición a la “cultura de cancha” en que se desenvuelven los niños. Según esta autora, las adolescentes pasan demasiado tiempo en casa trabajando en su apariencia física para volverse atractivas a los muchachos, mientras que los varones tienen acceso al aire libre y al espacio abierto del campo de juego.

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El problema no es sólo la falta de práctica —aunque ésta tenga una particular importancia— sino también en un aprendizaje activo del cuerpo y del estilo corporal que comienza a cultivarse desde el momento en que una niña entiende que es una niña y lo que eso significa:

La niñita adquiere muchos hábitos sutiles de comportamiento corporal femenino [...], aprende activamente a entorpecer sus movimientos. Se le dice que debe ser cuidadosa para no lastimarse, no ensuciarse, no desgarrarse la ropa; se le dice que las cosas que desea hacer son peligrosas para ella [...]. Cuanto más asume una niña su estatus como femenino, más se toma a sí misma como alguien frágil e inmóvil, y pone en acto más activamente su propia inhibición corporal.

De ahí mi enorme admiración por las deportistas natas: las que dejan desarrollar sus cuerpos sin sucumbir a estas tendencias.

Mi incursión defectuosa en el deporte me da a la vez un conocimiento material y una distancia crítica, lo cual tal vez ha sido sano para mi elección temática, de modo que me he convertido en una suerte de “especialista” de la academia y, gracias a ello, de pronto me ha tocado acompañar a varias alumnas de maestría en la investigación de sus tesis sobre futbol. El amor de estas mujeres por el deporte de los puntapiés me convence de que no se trata de un asunto trivial ni estrictamente manipulado, enajenado, ideológico, sino de una afición legítima, pura, nacida en el cuerpo y cultivada en el espíritu.

Tengo además un grupo de amistades que va casi cada domingo por la mañana —y varias tardes entre semana— a ver jugar a los Pumas. Desde luego, me han invitado y quizás he ido alguna vez —ya no me acuerdo si solamente lo soñé—; en todo caso, mi cercanía con esta banda de pamboleros y pamboleras vuelve difícil criticar simplemente la actitud fanática de quien acude al estadio, porta los colores de su equipo, sufre cuando pierde y goza cuando gana.

Interpreto el deporte —así, en abstracto— como una actividad central para la vida contemporánea; como un prisma a través del cual se refracta la interioridad de la gente, sus esperanzas y perspectivas más sagradas, además de las relaciones sociales con sus cargas de poder y contenidos de dominación. Estoy segura de que no hay manera de entender una sociedad o una cultura como la mexicana si no tratamos de descifrar el lugar que ocupa en el imaginario nacional este juego, este negocio.

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Un sueño cumplido, reseña de un libro

Escrito por Osmand Romero, 07 Jan.

El día 29 de octubre de 2020 marcó el fin de una larga espera, una meta personal al fin se cumplió. Fueron más de 60 años de estudios y esfuerzos, de observar fotos antiguas de los abuelos, relatos de su padre, que fue minero, leyendas que conocía su madre. Así también consultó libros de estudios actuales sobre el tema y de la época, recolectó y se sumergió en archivos estatales, como el del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, y nacionales como el Archivo General de la Nación; extranjeros, como el de Simancas y el de Sevilla, entre muchos más. Puso en práctica sus estudios de historiador, que adquirió en La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y que al paso del tiempo fue puliendo y perfeccionando para que ese día saliera a la luz el libro dedicado a su tierra, y que lleva por nombre Real del Monte Virreinal, Crónicas de un viejo mineral, y su firma de escritor: Luis Rublúo Islas.

El evento para presentar el libro se llevó a cabo en el Cuartel del Arte, en Pachuca, a las 7 de la noche. Hubo pocas personas, debido a la contingencia sanitaria. Familiares, amigos y académicos asistieron a la presentación. Un ambiente de mucha emoción se transmitía entre todos, pues algunos invitados comentaban que ya habían pasado 25 largos años desde la última vez que se publicara un libro dedicado completamente a Real del Monte, el cual lleva por nombre El esplendor de ayer para siempre. Los lectores deseaban saber qué novedades encontrarían  al momento de hojear y oler como perfume por primera vez aquel libro recién salido de imprenta, que ya se encontraba en la mesa de honor: un documento con tapas de color verde aceituna, adornado con un bello dibujo que representa las calles desniveladas y disparejas de aquella localidad, tanto como una grieta en la pared o piso, tan profunda que al paso del tiempo va dejando huella de larga historia.

El momento tan esperado llegó. Luis Rublúo hizo su aparición: hombre octogenario de decisión firme para mostrarle al mundo una de sus más grandes obras. Aquel libro, que comenzó siendo una pequeña monografía escolar, que tenía como fin que cada alumno investigara sobre su lugar de origen. Claro está que Luis se enfocó en Real del Monte, la tierra de sus padres y abuelos. Un sinfín de emociones no se hicieron esperar, entre lágrimas de alegría de algunos presentes, y la pose seria y quebrantada de algunos otros, o la expresión de satisfacción de unos más, y que no pasaba desapercibida. El acto comenzó con una orquesta de música barroca para ambientar la sala, pues el libro abarca en gran medida dicha época. Los asistentes presenciaron la personificación escénica de Luis Rublúo por parte de un actor, que interpretó --a modo de obra de teatro-- el largo camino que lo llevó realizar ese libro.

Al culminar el número, comenzaron los comentarios por parte de las personas que acompañaban al escritor: el Doctor Antonio Lorenzo Monterrubio, que fungió como moderador, Omar Fayad Meneses, como presentador del libro, y Jesús Murillo Karam, quien prologó el libro. Al hablar sobre el libro, ambos coincidieron en algo, y es que Real del Monte no sólo es la historia de un pueblo, es la esencia de un estado que a su vez es parte de la historia patria, por su rica trayectoria minera que le ha dado riqueza al país a lo largo de los siglos. Al final, habló el maestro Rublúo: dio a conocer ciertos puntos del libro. Conforme transcurría el evento, el discurso se convertía en amena la plática, hasta que el autor la cortó y dejó a todos en suspenso, para hacer la invitación a leer el documento.

A continuación, daré una breve reseña de algunos puntos del libro, para que se vaya conociendo, y ojalá y genere interés en usted.

Real del Monte Virreinal es sin duda un parteaguas de lo que se acostumbraba a decir sobre una época alejada, donde comienzan las fundaciones de villas, pueblos y ciudades a nombre de la Corona Española, con lo que se sustenta como ciencia que es la historia. En el caso de Real del Monte, se trata de buscar una respuesta a la incógnita sobre el año de su fundación, pero sin suposiciones, es decir, por medio de documentación de la época que se encontraba descansando en los archivos. Uno en particular fue encontrado por el autor y al cual puso por nombre “Acta de nacimiento o Fe de Bautismo de Real del Monte”. Esto se debe a que el documento da una visión general del panorama natural, animales del lugar, castas, familias que lo habitaban y personas encargadas de diferentes oficios, así como también los primeros rastros de explotación minera.

La advocación hacia una cofradía y archicofradía da a los pobladores una actividad social y religiosa durante toda la etapa virreinal, un factor que siempre tiene fuerza dentro de las iglesias, al crear sus jerarquizaciones dentro de ellas, así como también sus reglas y funciones de cada una de ellas.

Francisco Gemelli Carreri el famoso viajero que fue de los primeros en recorrer el mundo en aquel entonces, publicó un libro que relata sus aventuras en cada sitio donde se asienta temporalmente. En uno de sus capítulos narra su aventura en Real del Monte al querer descender a una mina, aunque fue poco lo que hizo al intentar hacerlo, dejó muy en claro las condiciones laborales en las que se encontraban los mineros de aquel entonces, viviendo un peligro constante en cada acción que realizaban.

“Quien conozca a Toledo, la prócer ciudad castellana reconocerá en nuestras ciudades mineras adustas --Zacatecas, Taxco, Real del Monte-- un raro parentesco filial que guardan con aquella venerable ciudad de monjes y soldados. Son estas ciudades toledanas”. Estas palabras de Daniel Kuri Breña claramente muestran las auténticas herencias culturales de Real del Monte: ciudad minera puramente criolla, sin embargo, no está tan bellamente ornamentada como sus ciudades hermanas, a pesar de eso, tiene tres edificaciones religiosas que llevan por nombre: Santuario de San Diego (Señor de Celontla), La Santa Veracruz (que tiene un espíritu y esencia más barroca) y Nuestra Señora del Rosario (antes llamada La Asunción). Así también cuenta con dos edificaciones civiles construidas durante el siglo XVIII: la casa del Marqués de Valleameno, que muchas veces se ha pensado que fue Pedro Romero de Terreros el Conde de Regla quien la hizo, y una casa mandada a hacer por él, conocida como la casa grande, la cual en estos días muestra cierto deterioro por el paso imperdonable del tiempo. A pesar de todo, estas edificaciones son joyas invaluables, herencia de un pasado meramente virreinal. Una de las posibles explicaciones más lógicas es la cercanía que hay con la Ciudad de México, donde se construyeron hermosos edificios que aún conservan esa identidad virreinal.

El primer hombre ilustre de este viejo mineral es sin duda alguna el Bachiller Francisco de Siles y Ramírez, a quien se conoce popularmente por su entrega y devoción a la virgen de Guadalupe, así como por la implementación del festejo guadalupano cada 12 de diciembre. Rublúo Islas se interna más allá de esto, al construir una biografía de este personaje mediante documentos que van a describir su esencia y obra durante sus años activo, incluyendo de misma manera sus sermones eclesiásticos, los cuales van a una construcción de su pensamiento.

Alejandro Bustamante y Bustillo, Agustín Moreno de Castro Beltrán, Marqués de Valleameno y Pedro Romero de Terreros Conde de Regla, son hombres no nacidos en Real del Monte, pero que forman parte de la historia social y económica del lugar y de México, ya que realizan acciones que transforman drásticamente el sentido y destino de la población minera. Cada uno se entrelaza para buscar la manera de explotar este rico mineral, que es la plata, a través de una larga lucha de intentos por desaguar las minas. Al final, sólo uno lo logra y se vuelve el hombre más rico en su época.

Pedro Romero de Terreros es sin duda alguna un hombre que estuvo destinado a grandes cambios en su vida, ya que largos viajes y cambios de empresa estuvieron presentes en su vida. Tesoros y riquezas lo envuelven, así como el adquirir títulos nobiliarios que han sido heredados por sus descendientes. También se le recuerda por haber provocado, precisamente en Real del Monte, lo que hoy se conoce como la primera huelga, no sólo en México, sino también en América latina, acción que es tomada como antecedente del levantamiento de independencia. Este movimiento provocó el paro y la rebelión laboral, un abogado, de apellido Gamboa, tomó el caso y dio un giro inesperado al momento de dar su veredicto.

Este libro es el fruto de una larga labor de estudio, dedicada por años a la recopilación, revisión y compilación de distintas fichas, hechos, artículos y capítulos de libros que se vuelven uno solo, como resultado final. Luis Rublúo, con su visión crítica de la historia y la cultura hidalguense, anexa a la historiografía local un nuevo libro que merece ser leído, el cual contiene amor a su tierra, sabiduría a través del tiempo y ciencia que le da conocimiento y valor.

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Travesía

Escrito por Diego José, 04 Jan.

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Aún fustigan solemnes los remos que me llevan

al hogar,

y el esfuerzo por asistir aligera el sopor

mediterráneo;

el viento viene cargado de pimienta y canela de

la costa,

puedo percibir su fragancia más allá del oleaje

salado.

Mar adentro te nombro, y al llamarte voy palpando

tus extremos.

Mi voz anticipa mi llegada y te descubre sobre

la hierba

diciéndote palabras amorosas que se amarran a

tus muslos

como serpientes o chacales en busca de un sitio

donde asirse.

Quiero contarte lo que me dijeron al oído

las sirenas,

también de las mujeres que recogieron mi cuerpo

del naufragio;

pero me basta este viento para olvidar que alguna

vez fui Nadie.

Me basta sentir que mi voz agita los laureles

perfumados

mientras abejas sicilianas zumban en tu piel

crepuscular,

avisándote de mi regreso, cuando todavía no llego.
 

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Su lista 

Escrito por Cony Jiménez, 02 Dec.

Noticia:

Prevenir, decir, explicar, preparar, confirmar.

 

Viaje:

Comer, empacar, avisar, salir, cerrar, asegurar, conducir, escuchar, platicar, dormitar.

 

Primera impresión:

Saludos, familia, recuerdos, risas, pláticas, café, desvelo, coronas florales, frío.

 

De tiempo:

Oraciones, plegarias, rezos, rezos... llanto.

Recuerdos, llanto.

Olor a flores, llanto.

Música de mariachi, llanto.

Llanto.

 

Su plan:

Dicen que el abuelito planeo todo.

 

Que indicó con cual traje quería ser vestido, los calcetines, pañuelo y calzones. Que no se olvidaran de ponerle sus placas dentales, por si comía después. También, dicen que dijo que incluyeran su bastón, porque a donde se dirigía quería caminar.

 

Que hasta hiso la lista de las canciones que tocó el mariachi. Que para que cantáramos; ahora caigo en todas las veces que nos cantó e hiso escribir “con letra

grande” esa que dice:

 

Esta tristeza mía,

este dolor, tan grande

Los llevo más profundos,

pues me han dejado, solo en el mundo.

Ya, ni llorar es bueno, cuando, no hay esperanza

Ya, ni el vino mitiga, las penas amargas, que a mi me matan.

Yo no sé, que será de mi suerte,

que de mi no se acuerda ni Dios

Ay, pobres de mis ojos, como han llorado, por su traición.

 

Hoy cumpliría 89 años.

Sí. Él mismo.

Mi papá dice que casi llega a lo que María Felix: morir el mismo día que nació, el 8

de abril.

El mismo ocho, pero el de mi abuelito en diciembre.

 

Confianza:

Confío en que está bien.

Si ahora tiene una mejor oportunidad de vida, como él creía, confío en que esté hasta mejor.

Que comerá hasta chicharrones, porque lleva sus placas dentales.

Que cantará como quiso que le cantáramos, hasta el final.

Que nadará, porque lleva su cambio de ropa interior.

Que se encontrará con mi abuelita. Juntos recordarán y harán de sus nuevos tiempos los mejores.

Que si hace nuevos amigos, les platicará de sus aventuras como pionero del transporte de materiales en Cd. Guzmán, Jalisco. De las ciudades en las que comió, canto y durmió. Del apretón de manos que le dio a un comerciante de telas, el mismo que luego encontraría en películas, Pedro Infante. Y que conoció el ferrocarril, fue amante de la azúcar, los sopes, plátanos y supo que siempre le faltaba sal a algo desde la primera probada. Que pasó del tocadiscos de vinilo hasta los “disquitos” que pedía a sus nietos le grabaran con esa música ranchera.

 

Que donde dormirá siempre estará una pequeña lámpara para no quedar en la oscuridad total y una radio para escuchar la música “rancherita”, cuando se logre escapar el sueño sólo para volver a recordar.

 

Al final y después de todo, creo que sólo queda la idea de José Saramago: “siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

Siempre.

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La Bandera

Escrito por Jorge Anaya, 02 Dec.

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Desde el balcón de la Posada Silva sigo los preparativos del mitin. Pocos pueblos pueden presumir una perspectiva tan grandiosa como Molango, la tierra de mis padres: La plaza en declive, el quiosco, el infaltable busto de Juárez, las casas blancas con sus techos pintados de rojo y, más al fondo, la sierra imponente y el brillo lejano de la laguna de Atezca.

El templete recibe los últimos toques, el equipo de sonido está a punto, hay pendones en los postes y grandes mantas en las fachadas. Apenas pasa del mediodía y ya la gente empieza a juntarse en los portales para protegerse de la resolana. Parece que nos salvaremos de una de esas horribles lluvias serranas que hacen chiclosa la tierra colorada y causan deslaves en los caminos. El candidato debe llegar a las tres para comer con los notables locales. Para mí, aparte de la emoción de que mi líder visite este lugar tan entrañable, está el ingrediente adicional de revivir, si tengo suerte, un romance de juventud.

La bandera ondea plácidamente, como el día en que vi a Arminda por primera vez, pronunciando un mensaje de fin de cursos en la secundaria del pueblo. Era hija de una amiga de mi madre, y esa tarde me la presentaron en la fiesta que siguió a la ceremonia. Pronto tuvimos uno de esos idilios de vacaciones, con sus escapadas a lugares ocultos. Una tarde, cerca de la cascada, por poco vivimos nuestra primera experiencia sexual, pero una cabra desencaminada la frustró. Por un tiempo nos comunicamos por Messenger, luego cada quien se enredó en otras cosas. Según sé, tiene un hijo, fruto de un amorío con un taxista borracho y agresivo llamado Alfonso, de quien logró zafarse, pero que la sigue acosando.

Todos estos chismes me los ha pasado mi madre, que con frecuencia habla por teléfono con su amiga. Por eso Arminda supo que venía con la campaña y me mandó recado, junto con el número de su celular. Tengo curiosidad y, para ser franco, no descarto la posibilidad de completar lo que aquella vez quedó trunco. Sería una buena despedida de soltero.

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2

 

La plaza casi está llena; qué diferencia de antes, cuando apenas unas decenas se congregaban para oír a nuestro líder en estos poblados, donde el caciquismo serrano parecía invencible. En el salón de cabildos, donde se realiza la reunión de notables, ésto también se percibe, porque el líder dice lo que viene diciendo desde hace años, pero ahora muchos asienten y algunos hasta sonríen. Desde la mesa principal, Esteban, mi antiguo jefe en el gobierno de la capital y el que me jaló al equipo del candidato, me hace la señal del pulgar arriba. Aunque algunos todavía temen una jugarreta de los poderosos y no falta quien presagie un atentado, él y yo confiamos en que los signos de un futuro diferente son claros, incluso en estos rincones antes tan reacios.

Un tumulto en la puerta hace que todos volvamos la mirada. Gente airada forcejea con los guardias y exige hablar con el candidato. Los guardias empujan; desde su lugar, él levanta la voz y pide que los dejen pasar. Miradas hostiles siguen al pequeño grupo de Manifestantes al acercarse a la mesa principal. Me sorprende ver que Arminda viene a la cabeza. Su oratoria ha madurado; con voz clara y enérgica exige justicia por el asesinato de un maestro rural llamado Honorio, quien al parecer, abanderaba la lucha contra una minera transnacional que contamina tierras comunales en contubernio con caciques.

El candidato expresa solidaridad y compromete a las autoridades locales a encontrar a los culpables. Los activistas se dirigen a la salida con la cabeza erguida, desdeñando la expresión de quienes parecen decirles “se van a arrepentir”. Arminda pasa a mi lado sin mirarme, pero minutos más tarde una vibración me avisa de su mensaje: “Te espero en el Cementerio en un cuarto de hora”.

 

3

 

Bajando las escaleras me encuentro con Salcedo, el encargado de la seguridad.

No es santo de mi devoción, sobre todo porque me cuida como si yo fuera la mascota del grupo, supongo que por recomendación de Esteban.

Sin embargo, al verlo se me ocurre una idea.

—Oye, ¿podría usar la cámper un rato?

—¿La cámper? ¿Para qué, carnal?

—Un asuntito —le hago un guiño—. Ni siquiera la moveré.

Sonríe.

—Ah… okey. Pero si ensucias algo, lo limpias —se ríe de su gracia.

Rodeo la plaza por las calles laterales y subo por la escalera de la monumental espadaña de piedra hasta el Cementerio, como llaman aquí a la pequeña alameda frente al templo agustino del siglo xvii que es el orgullo de Molango. Al rato veo a Arminda pasar junto a la doble escalinata del teatro Nigromante hasta donde la espero. Me pregunto cómo convencerla de ir a la cámper cuando dice:

—Vamos adonde no nos vean.

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4

 

Como ya me temía, su deseo de reunirnos no tiene tintes románticos.

Quiere que abogue con el candidato para que se haga justicia al maestro.

—¿Era algo tuyo?

—Desde niños fuimos como hermanos. Tú no lo conociste porque en aquel tiempo él estaba estudiando en el Mexe. De allá se trajo esas ideas de luchar por los pobres y contra la injusticia. Y ya ves en qué paró.

—¿Sospechas de alguien?

—Aquí todos saben que fueron policías pagados por la minera. Pero este gobierno no va a hacer nada, aunque se lo hayan prometido al candidato.

—Quién sabe, de seguro él estará presionando.

—Pues a ver, pero por si las dudas, ahí te tengo a ti para que se lo recuerdes.

Por lo que veo, mi madre ha exagerado mi cercanía con el líder.

—Bueno. Haré lo que pueda.

Entonces la miro y sonrío.

—¿Y para mí no hay nada?

Sonríe también y se acerca a darme un beso. Con rapidez volteo hacia su boca; ella vacila un poco, pero al final cede y hasta colabora, pero cuando le meto la lengua y llevo mi mano a su pecho, se retira.

—No hay tiempo. A lo mejor el papá de mi hijo anda rondando por allí y no quiero un mal encuentro. A ver si otro día.

Y se baja de un salto.

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5

 

Camino por Ortiz de Letona para llegar a la plaza por el otro costado, pero cuando doy la vuelta en Juárez veo bajar corriendo por la calle empinada a un tipo moreno y bigotón.

—¡Pérese ahí tantito, cabrón! —me grita, llevándose la mano a la cintura.

Me quedo paralizado. Cuando está a pocos metros, de algún lado sale Salcedo con un guarura y lo sujetan.

—Usté venga para acá —le dicen, y pese a sus protestas y forcejeo se lo llevan hacia el Cementerio.

Todavía sudando frío y tras un rato de indecisión, opto por bajar a la plaza y abrirme paso hasta el templete. Un compañero me reconoce y, haciendo un gesto como de dónde andabas metido me ayuda a subir. El candidato está a la mitad de su discurso y los vivas y aplausos lo interrumpen a cada momento. Me dejo llevar por la euforia y cuando entonamos el Himno Nacional elevo la mirada a la bandera. Sus colores brillan a la luz del ocaso, como compartiendo la emoción.

Terminado el acto, todo son gritos y carreras porque esta noche el candidato cena con el gobernador en Pachuca y nos esperan más de dos horas de curvas entre pavorosos despeñaderos. Esteban me ordena subir a una camioneta que va de avanzada. Busco con la mirada a Salcedo, pero ha desaparecido.

 

6

 

Los días siguientes son una locura de mítines, entrevistas y encuentros con demandantes, simpatizantes y los buscachambas de siempre. El lugar de Salcedo ha sido tomado por un tipo que es su reverso: sombrío y hermético, pero al menos no anda todo el tiempo detrás de mí, aunque no puedo negar que ese cuidado me salvó de un mal rato. Quiero saber en qué acabó el numerito; me inquieta que el borracho haya descargado su coraje en Arminda, pero tanto el celular de ella como el de Salcedo me mandan a buzón todo el tiempo.

De regreso a la ciudad me dan unos días de asueto. El lunes me apuro para llegar temprano a la casa de campaña y en la puerta me encuentro a Salcedo, recargado en el muro mientras el Güero Emilio le lustra los zapatos.

—¿Qué pasó, mi donjuán? —saluda con sonrisa y guiño cómplice.

—Pues aquí, mira —respondo—. Oye, quiero comentarte algo.

—Claro. Nomás termino de darme bola, le pago al Güero y te alcanzo en mi cubículo. Está abierto.

Por fortuna la espera es corta. Cuando Salcedo entra, suena el teléfono; contesta con dos o tres monosílabos y cuelga.

—Tú dirás —me dice, con cara de todo oídos.

—Pues… quería agradecerte el paro que me hiciste el otro día en Molango.

Vuelve la sonrisa maliciosa.

—¡Ah, eso! Nada, nada, para eso estamos. Supongo que te fue bien, ¿no? Lo malo es que el galán de la doña se dio cuenta.

—El Alfonso es papá de su hijo, pero ya no tienen nada que ver. Bueno, eso dice ella. Por cierto, ¿qué fue de él?

Salcedo titubea.

—¡Ah! Pues mira, allí fue donde sin querer me ayudaste tú a mí.

Vuelvo a sentarme.

—No entiendo. ¿Dónde está Alfonso?

—Bien guardadito en la cárcel del estado.

—Pero… ¿por qué? No era para tanto.

—Oye, tampoco te creas tan importante.

Sonríe, conciliador.

—Es broma, hombre. Lo que pasa… bueno, al fin tú eres de confianza.

La verdad es que el buen Ponchito cayó como anillo al dedo para cargarle el bulto del maestro asesinado.

—¿Qué?

—¡Ni mandado a hacer, mano! Resulta que el maestro Honorio andaba muy pegado con la chava esa que habló con el candidato, la que te metiste a la cámper. Y tú mismo viste cómo era de celoso y violento el cabrón.

Salcedo mira su reloj y se pone de pie.

—Y ahora disculpa, carnal, pero voy a ver al jefe. Esto queda entre tú y yo, ¿eh?

Ahí en el frigobar hay jugos, tómate uno, te ves un poco palidón.

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7

 

—¿Cómo crees que voy a molestar ahorita al candidato con ese tema? —me dice Esteban—. Estamos a una semana del cierre de campaña, vienen las elecciones y no necesito decirte todo lo que está en juego.

—Pero Alfonso no fue…

—¿Tú cómo sabes? ¿Nomás por lo que te dijo la vieja esa? No seas ingenuo, mi chavo. Está muy rara esa relación de ella con los dos. Mejor ni te enredes. Es más, nunca te he hablado así, pero como jefe te ordeno que dejes el asunto en paz.

Al ver que quiero protestar, añade: —Además, el candidato ya le tuiteó una felicitación al gobierno local por la premura con que resolvió el caso.

No vamos a hacer que se desdiga ahora, ¿verdad?

—No, claro.

—Mira, pasada la elección y ya que estemos dentro, veremos lo que se puede hacer. Mientras, ni una palabra.

Me palmea la espada.

—¿Y cómo van los preparativos de la boda?

 

8

 

Entro a mi cubículo y me dejo caer en el sillón. Cuando empiezo a revisar pendientes, vibra el celular. Mi novia quiere saber si no he olvidado que por la tarde tenemos cita con la jefa de eventos del hotel donde será la recepción de la boda.

Alzo la mirada a la foto del candidato, su sonrisa limpia y franca, y detrás de él, la bandera ondeando victoriosa. Sonrío. A fin de año estaré estrenando hogar, empleo y nación. ¿Qué más se puede pedir?

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Lady Macbeth. Nacida para ser una reina

Escrito por Jazmín Alejandra González Mireles, 02 Dec.

No recuerdo cuándo fue que las noches comenzaron a ser el inicio de mi fin. La falta de sueño empezó por debilitarme, dejándome agobiada, y añorando un descanso que tal vez nunca tendré. Me mantiene en un estado despreciable, en el que estoy como ausente. A veces cierro los ojos, y casi puedo sentir el regazo de mi madre. Su calor me transmitía tanto amor y paz. Amor y paz, parece que nunca volverán…

Mi madre era quien estaba a cargo en la casa, ella nos protegía, me protegía. Mi padre nunca tuvo las agallas, ni el coraje, de enfrentar nuevos retos para salir de la miserable condición en que nos encontrábamos. Teníamos un nombre noble, pero carecíamos de fortuna.

Perdí la cuenta de todas las veces que escuché a mi madre decir que mi padre no era un “hombre”, al menos no uno de verdad. Al principio no lo comprendía, él era bueno. Me llenaba de mimos y abrazos todo el tiempo. Siempre fue cariñoso… Pero cuando crecí lo comprendí… Él era débil.

Se supone que era él quien debía protegernos a mi madre y a mí, pero cuando la situación era tensa y había que tomar una decisión, se petrificaba, miraba al vacío ¡Cómo si ahí estuviera la respuesta! Mi pobre madre fue quien tuvo que ideárselas para arreglar nuestra situación. Fue ella quien planeó, negoció y dio la cara, para que nuestra familia sea reconocida, para que fuera de prestigio.

Hizo todo por mí, para que tuviera la vida que merecía, la vida de una reina… al menos, casi como una. Nadie, ni siquiera ella, podrían haber adivinado mi suerte, la de convertirme en una reina, pero me estoy adelantando... Pobre de mi madre, se casó con un inútil, un cobarde. Con el tiempo, a pesar de querer frenar este sentimiento tan negativo al ser que me dio la vida, no pude evitar sentir asco por él.

Nunca pensé casarme por amor. Mi madre siempre me dejó en claro que todo su esfuerzo y sacrificio, eran para que alguien con un buen nombre y posición, me desposara. ¿Era un capricho de mi madre pedirme aquello? Claro que no. Era lo mínimo que yo podía hacer. Estaba dispuesta a eso.

Yo era joven, hermosa, encantadora y, gracias a mi madre, gozaba de privilegios. Era asediada por muchos. Pero mi madre era muy estricta, quería escoger al mejor candidato posible, no a cualquier charlatán con título que fanfarroneara de su fortuna. Ella aprendió de sus errores y no se equivocaría en escoger un buen marido, no otra vez.

Rechazó a varios candidatos hasta que llegó Macbeth. Macbeth era el más fuerte, el más noble y más valiente de todo el reino. Era gallardo, tan encantador, que sutilmente y sin vuelta atrás, caí bajo sus encantos y encontré un amor con el que nunca había soñado.

Mi madre le admiraba, y le dio el sí. Ella solía decir “¡Ni el mismo rey podría ser merecedor de ti como Macbeth! y ¡aunque él fuera el mismo rey no podría ser más perfecto!” En ese tiempo ni siquiera lo pensé, ni soñaba con que Macbeth se convertiría en rey. Mi madre conocía de lejos al rey Duncan y decía que no tenía carácter o al menos, no tanto como Macbeth.

Amé a mi esposo con toda la fuerza que solo una mujer es capaz; él me amó, con lo más profundo de su ser. Estoy convencida que yo era su todo, y que haría lo que fuera por mí – y lo hizo – me sentía la más dichosa de las mujeres.

¡Qué mujer no querría ser Lady Macbeth!

A pesar de años de feliz matrimonio nunca tuve hijos. Las demás mujeres empezaban a hablar pestes de mí, ¡Viejas arpías! ¡Brujas envidiosas! Debería ocuparse de su propia vida…

Brujas…

El recuerdo de la primera vez que leí la carta de Macbeth esta pregnado en mi memoria, tan palpable, tan vivido, que puedo volver a ese instante como si estuviera pasando en el momento. Aquella ocasión fue como una respuesta a mis oraciones de media noche, era algo que necesitaba, pero aún no lo sabía.

Yo nací para ser reina, tal vez no madre, pero si una reina. 

Ahora que ha pasado el tiempo, muchas veces luchó por no arrepentirme o reprocharme…Tuve que hacerlo, Macbeth tenía que ser rey ¿Quién mejor que él? Nadie. Él es el más capaz, el más valiente, el más gallardo…

Lo extraño.

Quisiera que viniera más seguido a nuestra habitación. Sé que él tampoco duerme, así, nos haríamos compañía… como antes. Lo extraño demasiado, que duele hasta las entrañas. Extraño esas noches donde todo desaparecía y solo estábamos él y yo. Nada importaba, solo nosotros y nuestro amor, amor tan profundo y cálido que nos fundía en una armonía para ser uno solo.

Sé que lo que hicimos fue lo correcto, fue por ti, por nosotros, para tener lo que siempre deseamos… pero el costo está empezando a pesar demasiado sobre mi espalda… y creo que sobre la tuya también… Los años de mi vida se empiezan a multiplicar como si hubiera vivido tres vidas.

¿Eres tú mi señor? ¿Has venido finalmente a mí? ¿Acaso escuchaste mi llamado? Pues bien, ven a mí, volvamos a sellar nuestro amor como dos jóvenes apasionados que acaban de contraer nupcias, como dos golondrinas que emprenden su vuelo a cielos más altos.

Vuelve a ser mío y volveré a ser tuya.

Entre sombras y borrones, mi cuerpo se desploma poco a poco, pero yo aún espero ese último beso ¡Sé que vendrá! Porque aunque él no es más mío, en este momento, vuelvo a ser suya.

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Calles de ladrillo rojo

Escrito por Daniel Escorza, 02 Dec.

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¿Qué tienen en com.n personajes tan disímbolos como el luchador social mexicano Rub.n Jaramillo y el pintor Vincent Van Gogh; el revolucionario zapatista Benigno Zenteno y el jefe de las fuerzas nacionalistas chinas Chian Kai-Shek; el exsecretario general de la onu Kofi Annan, y Asa Griggs Candler, fundador de la compañía Coca Cola? En algunos casos, quizá muy poco, o nada. No obstante, un rasgo común entre ellos es que profesaban, en algún grado, la misma fe religiosa: el metodismo.

De acuerdo con el Diccionario de Religiones (Pike, 1986, p. 308) el metodismo es un “movimiento que nace de la predicación de John Wesley en el siglo XVIII y que ahora comprende iglesias en casi todo el mundo”. En efecto, este movimiento religioso devenido en una rama del protestantismo mundial, surgió. en Gran Bretaña y a sus seguidores se les comenzó. a llamar “metodistas”, en primera instancia como una alusión peyorativa, en razón de su excesivo formalismo y todo para realizar sus actividades. Con el tiempo, el nombre adquirió carta de naturalización en esta denominación protestante. De esta forma el movimiento se extendió. por todos los dominios del Imperio brit.nico y de los Estados Unidos. Formalmente esta rama del cristianismo comenzó. su historia en Pachuca en 1874. Aunque sus antecedentes se remontan por lo menos a cincuenta años anteriores a este año, ya que desde 1826 llegaron los primeros metodistas cornish a Real del Monte y a Pachuca.

Este libro cuenta una breve historia de los metodistas en Pachuca. El título no hace referencia a una historia institucional, sino a hombres y mujeres insertados en la sociedad pachuqueña, en un contexto histórico y cultural que toma en cuenta la segunda mitad del siglo XIX, hasta los años finales del siglo XX. En este lapso fueron notables las casas y edificaciones que utilizaron el ladrillo rojo para su construcción, como aquella donde se aloja el Colegio Hijas de Allende y que después fue ocupado por la Escuela Primaria Julián Villagrán, hasta el año 2016 (hoy este edificio se encuentra abandonado). Otras construcciones de este material tienen la impronta de los ingleses, aunque no necesariamente metodistas. Por ejemplo el inmueble que aloja la Primaria Justo Sierra, situado a unos cuantos metros de la escuela metodista; el Hotel Grenfell, en la Plaza Independencia, y algunas casas que todavía están en pie en el centro de la ciudad.

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De todas estas construcciones cuyo exterior es el ladrillo rojo aparente, destaca desde luego el templo metodista en la esquina de las calles de Allende y Julián Villagrán. La utilización de este material es una característica del centro de la ciudad y en gran parte se debe a la influencia industrial británica.

El presente estudio no pretende abarcar la totalidad de la historia del metodismo en Pachuca. Más bien, su propósito es explicar cómo esta expresión espiritual minoritaria tuvo una inserción social y cultural en una ciudad mayoritariamente católica constituida en un principio por una sociedad cerrada y tradicional. Con ello se intenta explorar y dar a conocer una breve historia del legado cultural de esta variante del cristianismo en Pachuca y de lo que ha significado socialmente en más de 140 años de presencia en la capital del estado de Hidalgo y sus alrededores.

Se ha disminuido —en la medida de lo posible— el excesivo y a veces farragoso aparato crítico que contiene toda obra historiográfica, con el propósito de que el lector no especializado encuentre un texto limpio y amable para su lectura. En descargo, al final se proporciona una bibliografía  básica, amén de que dentro del texto se remite a algunas obras que sirven como base a lo que se ha escrito.

Sirva esta investigación para contribuir a la explicación de la posmodernidad religiosa en este siglo XXI, en donde podemos encontrar asociaciones religiosas de lo más diversas y por otra parte, en donde la tradición evang.lica-protestante pretende unificarse con el nombre generalizado de “cristianos”. En los últimos treinta años han crecido exponencialmente los grupos y congregaciones cristianas en Pachuca, de tal manera que hoy se cuentan más de 120 organizaciones religiosas de este tipo, que en su conjunto rebasan en una proporción de más de cinco a uno los templos católicos. La historia de la diversidad religiosa en nuestra ciudad capital del estado de Hidalgo comenzó hace casi 200 años.

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El sueño de Meche

Escrito por Adip Juárez, 02 Dec.

Exactamente hace un año enterramos a Margarita; ¿Qué relación puede tener un sueño, con la muerte de una persona?

Seguro es lo más raro que ha ocurrido, en San Juan de la Montaña, Jalisco. 

Como cada 16 de Junio se realiza la Feria del Pueblo, la llegada de gente de las rancherías da vida a San Juan de la Montaña, una iglesia amarilla con dos campanarios avisaba el inicio de las alegres festividades. Llegaron de visita la tía Rufina y el tío Ramiro con los primos, Mariano, y Margarita, quienes como cada año traían obsequios para todos, elaborados en el taller del abuelo, ellos viven en Santa Cruz de las Huertas donde se hacen esculturas con barro “betus”, yo recibí un puerquito de alcancía con la trompa negra pájaros y flores rodeándolo y Meche recibió una palomita “ocarina”, eran al parecer los últimos regalos ya que mi abuelo Miguel que era el encargado del taller de alfarería y falleció unos meses antes.

El jueves después de la misa, cenamos churros con chocolate caliente, que fueron un manjar, los primos dormimos en un solo cuarto, bajamos los colchones y listo ¡cuatro camas!, a las 3:25am se levanta Meche ahora sé que es sonámbula, camina al cuarto de mis papás, se acerca a mi mamá y con una voz ronca le dice:

-¡Ya vez, ya te quemaste Leonor!, ora a poner agua fría -

Al día siguiente comimos tarde y mi mamá preparaba “Jericallas” de postre, mezclaba a la leche hirviendo con canela y azúcar, acerca el codo y da un golpe al asa de la olla, esta se balanceo, salpico y quemo el ante brazo derecho de mi mamá, inmediatamente puso el brazo en el chorro de agua mientras mi tía Rufina cortaba una penca de sábila.

Meche me despertó, esa noche, estaba riendo a carcajadas, se le quedo viendo a Mariano y le dijo con voz de burla:

-¡Ah sí serás conejo, eso tiene que doler!

Después de un día sumamente aburrido, decidimos salir a la feria, en el puesto de tiro al blanco, por 10 pesos te dejan tirar 12 balines a animalitos de plomo, tornillos y canicas dispuestas en filas, el primo Mariano tomo con su mano izquierda, la culata de madera despostillada, y con la derecha trata de amartillar la palanca, al ver que no puede y ya desesperado, el señor del puesto le arrebata el arma y con dos dedos amartilla, apunta a sus primeros objetivos sin dar a uno solo, el cuarto tiro le da a una gallina, y los últimos tiros los reparte entre todos, Margarita tiró un gato y un clavo, Meche tiro una canica y yo un conejo, los últimos tiros desperdiciados por Mariano, no sin antes dispararle un balinazo en la espalda, al encargado del juego, con la cara extremadamente roja como trasero de mandril, se voltea, toma uno de los rifles y dice: -¡Donde te agarre pinche chamaco!. Mariano aventó el rifle y corrimos como alma que lleva el diablo, hasta llegar a la casa. Hasta ese momento comencé a relacionar los sueños de Meche con lo que pasaba, lo raro era que incluso su voz cambiaba. 

Eran las 2 y media de la madrugada me empezó a ganar el sueño, todos dormíamos profundamente, escuche ruidos abrí mis ojos muy lentamente, vi entre sombras a Meche hincada junto a Margarita, me acerque para levantarla y acomodarla en su cama, sus ojos abiertos con su mirada fija en Margarita, como si hubiera visto un fantasma, lágrimas brotaban sin parar, lanzó un grito que despertó a todos en la casa, meche se desmayó en mis brazos, mis papás llegaron de inmediato –Rosendo trae alcohol dijo mi mamá- mi papá voló a la habitación por él, humedeció un algodón y lo acercaron a la nariz, Meche comenzó a reaccionar sin recordar nada.

Nadie me creyó, me decían que todo era coincidencia, mi corazón se me aceleró, al punto de creer que se iba a salir de mi pecho, nadie pero nadie me entendía, pensaron que estaba loco.

Transcurrió el día siguiente todo en tranquilidad, con el asunto de la pesadilla (como le decían) casi olvidado, nueve y cuarto de la noche ya casi a punto de dormir, creí que ya todo estaba bien, que si, efectivamente era una pesadilla y pasando este día, ya nada sucedería, después de unas ricas tortas ahogadas ya a punto de ir al cuarto, escuchamos un grito de la tía Rufina ¡Magos no!, todos corrimos, llegue al cuarto de mi tía con un nudo en el estómago, tendida en la cama estaba margarita, fría con la mirada perdida, a los pocos minutos llego el doctor José, con una rapidez increíble, le reviso los ojos con una lámpara, checo sus latidos y la respiración, volteo a ver a Rufina, movió su cabeza, la miró y le dijo que ya había muerto.

Después me entere que mi prima, tenía un tumor cerebral, que al parecer no había sido detectado, sin embargo, mis tíos nunca regresaron a la casa, no sé, si por los recuerdos, resentimiento o miedo a mi hermana Meche, quien desde ese día dejo de hablar dormida, extrañamente también se le había roto la ocarina del abuelo Miguel, tal vez sea cierto lo que dicen; “Que parte del alma del artesano se queda en sus creaciones”.

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La mejor elección

Escrito por Valentina Rosales, 02 Dec.

 

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Como todos los sábados, desperté temprano. Me subí al auto de mi madre y nos pusimos en marcha hacia el infierno. Se preguntarán de qué estoy hablando, pues me refiero a la casa de Diego, mi padre. Hace más de un año que no lo llamo mi “padre”, dejó de serlo desde su gran error. Al estar tan centrado en mis pensamientos, no me di cuenta de que ya habíamos llegado. Intenté convencer una última vez a mi madre para que no me dejara ahí, pero como si del aire mismo se tratara, me ignoró por completo. Solté un gran y pesado suspiro y me dirigí a la cajuela por mi maleta. Unos segundos después, se escuchó esa voz que no deseaba escuchar...

—Hijo, cuánto tiempo sin verte.

—Sólo ha pasado una semana —dije sin mirarlo.

—Bueno, pasa.

Me despedí de mi madre, quien me susurró “por favor, no seas grosero”. Le dediqué una pequeña sonrisa y me dirigí al interior de la gran casa de Diego. Él es un gran empresario, tiene la fortuna que todos desean, pero siendo sincero, nunca me gustó, al menos no después de que se separara de mi madre. 

Una vez adentro, me fui directo a mi habitación, acomodé la ropa de mi equipaje y me recosté en la cama. Sin más que 16 

hacer, me puse a revisar mis redes sociales y a ver videos por internet. Pasaron dos horas desde que llegué, no quería bajar y enfrentarme al interrogatorio que siempre me hacía Diego. “¿Cómo te ha ido en la escuela? ¿Tienes algún nuevo amigo? ¿Cómo está tu madre? ¿Quieres comprar algo?”. La última pregunta es la que más odio, Diego piensa que al comprarme cosas la situación va a cambiar. Por estar tan entretenido, no me di cuenta de que Lucía, la empleada de Diego, entró a mi habitación.

—Disculpe la interrupción, pero su padre quiere que baje a comer.

—Claro, en un segundo bajo.

Lucía se fue y yo bajé. Cuando llegué a la cocina vi a Diego sentado... ¿acaso estaba esperándome? Sin tomarle mucha importancia, me senté y segundos después, me sirvieron la comida. Les di las gracias y empecé a comer. No voy a mentir, la comida estaba deliciosa, pero no lo expresé.

Cuando acabamos de comer, Diego se dirigió a la sala, prendió la televisión y se puso a verla. Iba a irme a mi habitación cuando escuché que Diego me llamaba. ¡Rayos! Y yo que pensé que me había librado del interrogatorio. Me senté en uno de los sillones y esperé a que las preguntas comenzaran, pero lo que me sorprendió fue que Diego no me llamó para eso. Cuando presté la suficiente atención, me di cuenta que en las noticias estaban diciendo que había algo en las calles, no entendí muy bien qué, pero... ¡no, no, no, no, esto no puede estar pasando!

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“Así es Marco, nadie puede salir de sus casas. Por nada del mundo, a no ser que quieran enfermarse y morir.”

—¡¿Qué?!17 

—Tranquilo, Nico. Todo estará bien, tenemos suficiente comida que nos puede durar un buen tiempo.

—¡Nada está bien! ¿Qué pasa con mamá? Yo no pienso quedarme aquí ¡Y menos contigo!

—Nico, entiende que no podemos salir. Te puedes enfermar y morir.

—¡Prefiero estar muerto que contigo! —Sin dejar que dijera otra palabra, subí a mi habitación, me encerré y deseé que todo esto fuera una pesadilla. Lo único que quería era estar con mi madre y alejarme de este lugar.

Han pasado tres semanas, tres semanas con Diego. No puedo creer que no me haya dejado regresar con mi madre, ella me dijo que estaba bien. Cada día hablamos y ella me intenta calmar, pero ¿quién estaría calmado mientras se encuentra encerrado con la persona que más odia sin poder hacer nada, porque tienes que quedarte en su casa? Lo sé ¿a quién no le gustaría estar en una mansión? Pues a mí no, porque estoy con él. Lo bueno es que esta casa es muy grande y sólo tengo que estar con él cuando comemos. La mayoría del tiempo me la paso en mi cuarto, pero a veces voy al minicine o a la piscina. Él ha intentado que nos llevemos mejor, pero yo no quiero ¿Cómo te llevas bien con alguien a quien no quieres?

“Han pasado ya 84 años...” Aunque, en realidad, llevamos mes y medio así. El gobierno implementó medidas para que las personas tuvieran una forma de obtener alimento. Así que cuando querías comprar algo, llamabas a un número especial, ellos compraban todo por ti, después les pagabas y te lo llevaban a casa. Era muy raro ver a un tipo con traje parecido al de un astronauta llegar a tu casa con las compras, pero era por 18 

nuestra seguridad. Para pasar el rato, le pedí —por primera vez en mucho tiempo— a Diego que me comprara legos. Sé que suena extraño ¿un chico de 15 años pidiendo que le compren juguetes? Pues sí, adoro los legos, me encanta armarlos, pero no jugar con ellos. Cada vez que Diego pedía las compras, le pedía un lego, ya que cada dos semanas llegaban las compras y era lo primero que agarraba. De vez en cuando le agradecía, lo odiaba, pero no por eso iba a ser un maleducado.

—¡Nico! —gritó Diego desde abajo.

—¿Qué pasa?

—¡Llegaron las compras!

—¡Ahorita bajo! —bajé corriendo las escaleras y al verlo...

—Wow, sí que es grande.

—Sí, vi que los otros los acababas muy rápido y pensé que estos te gustarían más.

—Gracias, pa’ —¡rayos!, no pensé antes de hablar.

—De nada, hijo —su voz se escuchaba como si estuviera a punto de llorar.

—Bueno... iré a mi habitación.

—Claro —dudé mucho en decirlo, pero...

—Papá.

—¿Qué pasa?

—¿Quisieras ayudarme?

—Pensé que nunca me lo preguntarías, ¡vamos!

Sé lo que piensan: “¿no que no lo querías?”. Para ser honesto el lego se veía muy difícil y después de tres días logramos acabarlo. Creo que Diego no es tan malo como yo creía. Sí, cometió errores, pero todos los cometemos. He intentado acercarme más a él en estos días, ya llevamos casi dos meses 19 

y medio aquí y tenía que hablar con alguien que no fuera mi reflejo. Diego estaba muy feliz de que después de casi dos años, por fin quisiera estar cerca de él, sin que mi mamá me obligara, o sin tener cara de fastidio. Se me había olvidado lo divertido que era pasar tiempo con mi padre.

Esta semana ya cumplimos tres meses sin salir de casa y la verdad es mucho más divertido estar con él. Me cuenta chistes y me hace reír con mi sombra. Le comenté a mi madre que estos días estuve más con papá y se sorprendió demasiado. En serio, ¿tan extraño era que lo llamara papá? No lo sé, pero ya no tendré que llamarlo por su nombre. Él era el más feliz porque lo llamara pa’ o papá, muy en el fondo de mi ser, yo también extrañaba decirle así, pero mi orgullo no me dejaba.

Después de mucho tiempo, anunciaron en las noticias que ya podíamos salir de nuestras casas. Yo estaba muy feliz, por fin podría volver a ver a mi madre, a mis amigos, a todos, ya quería que ese día llegara. ¡Después de muchísimo tiempo, por fin podíamos salir! La alegría que sentía en ese momento era indescriptible, guardé mi ropa en mi maleta, me di una ducha rápida y cuando llegó el momento, salí disparado hacia mi madre que estaba afuera esperándome.

—¿Cómo estás? ¡Ay! mi pequeño, te extrañé mucho —dijo abrazándome.

—Ma, estoy perfecto.

—Y ¿qué dices?, ¿nos vamos a casa?

—Sí, pero creo que ahora ésta también es mi casa.

—Esta siempre fue tu casa hijo.

—Gracias, papá.

Desde ese día ya no me molestaba ir los fines de semana, 20 

antes mi mamá me tenía que llevar arrastrando. Ahora es diferente y me di cuenta de algo; la vida tiene dos lados, el bueno y el malo y tú decides cuál escoger.

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Piscis

Escrito por Aleqs Garrigóz, 02 Dec.

Soy de los que ahogan el mundo en una lágrima.

 

De los que sobrenadan un océano de melancolía.

Porque es fácil para el ojo ver la maldad perpetua,

y para el sentimiento anegarse

de luces estériles apagándose: imagen

e intuición del misterio

con el que tras una cortina de gasa

el universo sufre.

 

Vivo tranquilamente

en el miedo de mí mismo; en un acto pequeño y tímido

consumado con nobleza, pero a desgana.

 

Me enternezco al mirar una lápida. Y ése es mi orgullo.

Leal a las palabras y a los silencios

en que mis horas se desposan y desgranan en el vacío.

 

Soy de los que lloran porque la espina de su corazón está sola.

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La vocación intercultural de alas para crear: una apuesta por las mujeres en situación de cárcel 

Escrito por Elvira Hernández Carballido y Raúl Arenas García , 02 Dec.

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Género, comunicación e interculturalidad nos ha permitido identificar el escenario de las mujeres que fueron juzgadas y sentenciadas a prisión y que luego de cumplir su condena, buscan una segunda oportunidad para rehacer su vida. Sin embargo, hacerlas visibles no basta; es necesario reconocer que sus historias delatan una gran variedad de matices y advertencias, de hechos y discriminaciones, de luchas y retos que no ocultan las diferencias entre hombres y mujeres hasta en situaciones de justicia e injusticia, de readaptación e integración a la sociedad. En efecto, bien dice la investigadora Marcela Briseño (2003) que las mujeres en situación de cárcel enfrentan un doble cautiverio:

1. El primero es su cautiverio por el simple hecho de ser mujeres, el mismo que les asigna la sociedad patriarcal que les exige un deber ser donde su rol está marcado por dedicarse

a ser para los otros con un perfil de abnegación, debilidad, obediencia y bondad.

2. El segundo es su cautiverio de presas como tal, mujeres que se vuelven cautivas de un sistema de justicia indiferente a las repercusiones del castigo tales como la exclusión y el etiquetamiento al que se enfrentan como mujeres en situación de cárcel, quienes al estar en prisión son abandonadas y olvidadas por sus familias, y al quedar en libertad enfrentarán estigmas y prejuicios.

En este contexto, en el estado de Hidalgo dos mujeres han apostado por romper con ese doble cautiverio y fundaron la asociación Alas para crear. Se trata de las hermanas Daniela y Reyna Hernández, que desde 2017 han trabajado con gran compromiso y una total vocación intercultural. Dicha vocación, como ha explicado Sarah Corona (2013), aprovecha la comunicación como la herramienta para la convivencia en el espacio público de todos los diferentes, de todos nosotros.

Esta asociación se fijó como objetivo trabajar con mujeres que han estado en situación de cárcel y ha hecho un gran esfuerzo por demostrar esa vocación intercultural; además apuestan para crear estrategias que permitan la reinserción integral de las mujeres que vivieron en esa condición [...]

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Un cautiverio doble

Marcela Lagarde recibió en 1989 el Premio Mauss a la mejor tesis doctoral de la Facultad de Filosofía y Letras, el trabajo se tituló Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas. La obra aporta cuestiones básicas para analizar a profundidad la subjetividad femenina y la manera en que la sociedad patriarcal ha logrado “encerrarlas” en cautiverios, “una categoría antropológica que sintetiza el hecho cultural que define el estado de las mujeres en el mundo patriarcal: se concreta políticamente en la relación específica de las mujeres con el poder y se caracteriza por la privación de la libertad”. (Lagarde, 1993, p. 151)

Las mujeres están cautivas porque en esta sociedad patriarcal han sido privadas de autonomía, de independencia para vivir, del gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de escoger, y la posibilidad de decidir. La autora caracteriza a las mujeres en cuanto al poder de la dependencia vital, el gobierno de sus vidas por las instituciones y los particulares (los otros), la obligación de cumplir con el deber ser femenino y de su grupo de adscripción, concretado en vidas estereotipadas y al parecer, sin opciones. Todo esto es vivido por las mujeres desde la posición de subordinación a que las somete el dominio de sus vidas que, en todos los aspectos y niveles, ejerce la cultura patriarcal. Entre los cautiverios que considera en su obra está el de presas, significativo para este trabajo.

Se destaca que todo cautiverio implica una prisión: un conjunto de límites materiales y subjetivos, de tabúes, prohibiciones, y obligaciones impuestas en la subordinación. La prisión es una institución punitiva y formativa: mediante el castigo de unos cuantos, se erige amenazadora y ejemplar, como futuro para quienes se atrevan a transgredir las normas hasta pasar la tolerancia de los poderes. En un primer acercamiento a este cautiverio, precisa:

Las presas concretan la prisión genérica de todas, tanto material como subjetivamente: la casa es presidio, encierro y privación de libertad para las mujeres en su propio espacio vital. El extremo del encierro cautivo es vivido por las presas, objetivamente re-aprisionadas por las instituciones del poder. Sus delitos son atentados que tienen una impronta genérica específica; su prisión es ejemplar y pedagógica para las demás (Lagarde, 1993, p. 644).

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Samsara

Escrito por Jorge Hernán Quintero Orduz, 02 Dec.

Estaba solo en su hogar diluyendo su pensamiento entre los objetos que recordaba y los que tenía la certeza de no haber visto nunca y estaban ahí; no creyó que hubiese un ladrón inverso que en vez de arrebatarle todo, le llevara cosas; tal vez un Robin Hood de una época moderna perdido en los delirios que solo una mente enferma causaría. Era imposible.

Se sentó en su sofá, sentía que era su sofá; seguía recorriendo con la mirada toda la estancia que estaba repleta de estantes, libros, instrumentos musicales, ciertas plantas e insectos disecados en un escritorio, entre otras cosas que pululaban en su mente; era como si alguien más hubiese estado viviendo allí, no obstante, vivía solo.

Lo que había empezado como un malestar menor, la incertidumbre de habitar un lugar desconocido y al mismo tiempo desbordado de recuerdos, se convirtió en un ligero dolor de cabeza. Se levantó con pesadumbre, intentado acordarse de qué podría haber pasado el día de ayer, pero no venían a su mente más que imágenes de ese día, ninguna reminiscencia se anidaba en su cabeza. Fue a su cocina, o a la cocina de ese otro que habitaba allí con él; quizá se escondía en las paredes o bajo el piso; algo poco probable, vivía en un séptimo piso de un edificio de departamentos, varios por cada piso.

La pesadumbre se había transformado en terror, algo no estaba bien, algo no se escuchaba bien cuando lo decía en voz alta: ¿cuánto tiempo llevo viviendo aquí? Por sus dilaciones mentales se cruzó la idea de que él fuese el intruso, y si alguien más vivía allí y él invadía en su lugar; y si ¿Él era el loco?

El ligero dolor de cabeza se convirtió en una jaqueca insoportable, punzadas en la sien lo hacían doblarse poco, sentía como si una mano invisible estrujara con fuerza su cerebro. Agarró de encima de su refrigerador un frasco de pastillas para la migraña; tomó cuatro esperando que el sufrimiento se disipara. Salió de la cocina y se recostó de nuevo en el sofá. Seguía sintiendo que algo estaba distante en sus recuerdos, el dolor de cabeza no lo dejaba pensar con claridad.

Antes de darse cuenta se había quedado dormido. Al despertar un dolor más intenso que el de horas antes lo hizo gritar, fue como si una granada hubiese explotado en sus oídos y el sonido lo hubiese partido a la mitad. Se puso en pie con mucha dificultad, el dolor lo hizo arrodillarse y tomarse la cabeza, creyó por un instante que su cabeza estallaría en medio de la estancia, esa estancia que aun creía que no era suya. Ese dolor fue tan fuerte que le hizo perder la conciencia.

Esa noche había perdido la memoria. No fue un golpe. No era la primera vez que reiniciaba su día como un hombre nuevo, quizá esta vez sería Juan, o Lucas, quizá algún Diego u otro Camilo, que empezará su día dudando de su existencia como dueño de ese lugar, tan suyo como impropio; tan distante, pero parte de su existencia de vida, muerte y resurrección, un ciclo interminable de sufrimiento.

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Factor ingenio. Una ruta hacia las olimpiadas de matemáticas

Escrito por Moisés Martínez Estrada, 30 Nov.

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Olimpiada Mexicana de Matemáticas - Hidalgo

Hidalgo tomó parte en la OMM desde su segunda edición en 1988, y fue sede en la XXVII OMM en 2013, en San Miguel Regla. Antes de 2003 no se implementaba una convocatoria estatal como esta, pues la difusión del concurso era escasa y el examen se aplicaba exclusivamente en la ciudad de Pachuca, dejando fuera a la mayor ́ıa de los municipios del estado.

En diciembre de 2002, el Honorable Consejo Universitario de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) creó el Centro de Investigación en Matemáticas Aplicadas (CIMA), hoy Área Académica de Matemáticas y Física (AAMyF), y en febrero de 2003, se constituyó el Comité Olímpico Estatal de Matemáticas (COEM), que en mayo del mismo año organizó la XVI Olimpiada Estatal de Matemáticas de Hidalgo. Desde entonces, el COEM coordina, organiza y difunde la ahora llamada Olimpiada Mexicana de Matemáticas-Hidalgo (OMM-Hidalgo), la cual se realiza anualmente entre los meses de febrero y marzo con actividades simultáneas en 16 sedes al interior del estado.

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De 2003 a 2010, el concurso constaba de un solo examen con 6 problemas abiertos, es decir, deberían justificar clara y detalladamente sus respuestas. En 2011, cambió el formato, este consistía en 2 partes: la primera de 10 problemas de opción múltiple y la segunda de 3 problemas abiertos, ambas se resolvían el mismo día. En 2015, se renovó el formato por el que se utiliza hasta hoy. El concurso estatal se lleva a cabo en 2 etapas: la primera consta de 15 problemas de opción múltiple. Entre 5 y 10% de los participantes con puntaje más alto pasan a la segunda etapa, que consiste de 4 a 5 problemas abiertos. Se otorgan aproximadamente 30 primeros lugares a los participantes de la segunda etapa, y son ellos quienes conforman la preselección estatal. Se invita, además, a los  ́ ganadores de medalla o mención honorífica en la OMM del año anterior para formar parte de la preselección, independientemente de su actuación en el concurso estatal.

Los integrantes de la preselección entran en el programa de entrenamientos cuyo objetivo es preparar y seleccionar a los alumnos que representarán al estado de Hidalgo en la Olimpiada Mexicana de Matemáticas de ese año.  El programa de entrenamiento se realiza en el Área de Matemáticas y Física de la UAEH y está a cargo del  ́ COEM. El equipo de entrenadores está formado por profesores investigadores adscritos al AMyF y cuentan con el apoyo de alumnos avanzados y exalumnos de la Licenciatura en Matemáticas Aplicadas de la UAEH y algunos exolımpicos. Los entrenamientos inician en marzo y se prolongan hasta noviembre.

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