Este texto fue uno de los participantes del Clan de letras edición septiembre cuya temática fue deseo.

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Afasia

Afasia

Escrito por Eddy Armenta, 15 Oct · No. de Visita: 98


La miré fijamente y, con el mismo pavor de saber mi destino, mi fatídica realidad, hurgué por última vez dentro de alguno de sus parajes casi implorando que, por alguna razón, cambiara su parecer.

--Creo que estoy enamorado de ti--. Le dije acercándome a ella, tembloroso y con las palmas de las manos empapadas en sudor.

--Ahí vas de nuevo, Emilio--. Replicó Alba, viéndome como cuando ves a un venadito morir.

--Sé que es vergonzoso hablar de esas cosas. Que deberíamos quedárnoslas y respetar los códigos que nos mantienen civilizados, que crees que mi gusto es simple y vano, como cuando los animales buscan pareja. Pero ¿cómo podemos ser civilizados cuando experimentamos algo así?--. Me acerqué tanto a ella, que su aroma amaderado con una pequeña esencia cítrica penetró y aturdió todos mis sentidos.

--Recházame, si quieres-- le dije, --pero no finjas que no siento nada por ti.

Y justo cuando pensé por primera vez escuchar una respuesta de su parte, mirando esos ojos de universo, repentinamente el comisionado azotó la portezuela al entrar, con la buena noticia de que habíamos encontrado al asesino de la Sra. Revilla. Ahí se consumaron casi nueve meses de trabajo en conjunto con la policía local y, al borde de la euforia por la noticia, contemplé cómo ella se iba, sellando por siempre nuestra infortunada amistad.

Separado

No mucho tiempo después, saliendo de una cena de gala de fin de año organizada por los Doncel, quienes agradecían a todo el personal de la comisaría por un gran año de trabajo, con un par de copas por encima, me encontré de nuevo llevando a Alba a su carruaje, y aunque el alcohol liberaba un poco mi ser parlante y social, nunca me atreví a besarla ni a acercarme más de lo necesario, incluso a mencionar algo de aquella desdichada escena. 

Sabía que era ajena, y no por tener algún prometido, sino porque esa misma certeza de saberla mía, de conocerla de otra vida, me resquebrajaba el pecho con un dolor directo al corazón de otra vida.

--Realmente se acabó ¿verdad? --Dijo, casi susurrándole al viento, esperando se llevase sus palabras.

--Suenas decepcionada. --Expresé junto con una palmadita a su hombro.

--Nunca había tenido una experiencia como esta. Y me pregunto cuántas más me permitirán tener--. Buscó en su pequeño bolso verde si estaba la servilleta bordada con colibríes y flores rojas que tanto le gustaba, para poder limpiarse un poco el paño de su cara.

En mi intento por no perder su rastro, ya que después de casi un año trabajando juntos aquélla sería la última noche que quizá la vería, le dejé entrever con un beso en la mejilla que todo iba a estar bien y que la iba a estar esperando, incluso si se atravesaba algún evento aciago.

--Me parece que no dejarás que te impidan hacer cosas, y menos si es algo que te apasiona tanto. Por cierto, hablaba en serio aquella vez que dije estar enamorado de ti. --Recalqué.

--No, no era en serio. --Dijo, haciendo un signo de interrogación con su ceja--. Sólo te enamoras de lo que no puedes tener. Te enamoras de tus sueños, incluso de tus pesadillas, de cosas imposibles.

--Y ¿tú no?

--Sí, supongo que sí. Dijo sonriendo mientras sus mejillas se tupieron de un rojo intenso.


Autor:

Eddy Armenta

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