Cruces identitarios, investigadores, estudiantes y medios definen las nuevas caras de la comunicación demuestra que los estudios de la comunicación se han insertado en distintas escalas, y que en cada una de ellas se han logrado avances por dar voz a sectores que se creían desprotegidos u olvidados.

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Violencia y mujeres periodistas en México

Violencia y mujeres periodistas en México

Escrito por Elvira Hernández Carballido, 12 Oct · No. de Visita: 69


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La violencia es denunciada en los medios de comunicación por cada periodista que tiene la certeza de que el periodismo es un espacio de compromiso social y de denuncia constante. Pero, ¿Qué pasa cuando son los y las periodistas quienes sufren agresiones, censura, amenazas, golpes y hasta la muerte?

Hombres y mujeres que han decidido que el periodismo es su vocación y su medio natural de expresión han enfrentado situaciones difíciles y peligrosas para hacer posible su utopía periodística. Sin embargo, la historia del periodismo al no ser abordada desde una perspectiva de género no ha recuperado la presencia femenina en los escenarios periodísticos. Mujeres que también a través de sus notas, artículos y columnas han dado a conocer los sucesos más importantes del país y ante ellos han mostrado una postura que, al no coincidir con los intereses de la gente poderosa, ha provocado que también ellas vivan la violencia. 

Nuestro objetivo es recuperar algunos nombres y situaciones de violencia que han tenido que enfrentar las mujeres periodistas en México al desarrollar su trabajo, desde las primeras publicaciones que ellas fundaron hasta nuestra época. Mujeres periodistas, las mismas que llegaron al periodismo mucho después que los hombres pero que, a la par con ellos, han abierto espacios de denuncia que algunas veces les ha costado desde injurias en su contra, amenazas y hasta su propia vida. Es así como desde el siglo xix hasta el siglo xxi las mujeres han buscado la noticia, pero algunas veces, sin proponérselo, ellas se han convertido en noticia al vivir en carne propia la violencia.

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El riesgo de ser pioneras 

A finales del siglo xix empezaron a aparecer las primeras publicaciones fundadas y escritas por mujeres. Una de ellas fue Violetas del Anáhuac, cuya creadora y directora fue Laurena Wright, pionera del feminismo en el México decimonónico y una mujer que vivió el compromiso periodístico con verdadera vocación. Así, colaboró en varias publicaciones del país, entre las que figuró Diario del hogar, dirigido por Filomeno Mata, donde sobresalieron sus críticas a la política del presidente Manuel del Refugio González Flores (1880-1884) por su injusto proceder con los trabajadores. Además de que el texto incomodó a la clase política, creyeron que Laurena era extranjera debido a su apellido y la amenazaron con expulsarla del país. 

En esa misma época dos mujeres fundaron también su publicación periodística, pero de corte absolutamente político, ellas fueron Juana Gutiérrez de Mendoza y Elisa Acuña Rosete; su periódico fue Vésper, cuya línea editorial desde el primer número se reconoció como crítica y de denuncia constante. Las dos periodistas fueron duras en sus opiniones contra la dictadura de Porfirio Díaz. Sus artículos eran escritos con verdadera pasión y compromiso periodístico:

Porfirio Díaz será el primer hombre que tiene miedo a las mujeres y en su espanto se olvida hasta de ocultarlo como hasta aquí había ocultado su cobardía de inicuos alardes de fuerza. Qué ¿se pensará el caudillo que Elisa Acuña y Rosete ocupará la silla presidencial? Qué ¿se figurará Porfirio Díaz que su muy humillante servidora quiere arrebatarle la matona? ¡Pobre hombre! ¡Cómo delira! No tenemos derechos, pero si los tuviéramos renunciaríamos a ocupar el puesto de Porfirio Díaz. ¡Es tan triste ser como él! (Vésper, 15 de mayo de 1903: 1).

Por este tipo de expresiones varias veces les confiscaron su imprenta, fueron perseguidas por el gobierno de don Porfirio, quien las encarceló en diversas ocasiones. Salían de prisión y volvían a sus actividades periodísticas. Sus ideales se mantuvieron siempre firmes. El 15 de mayo de 1901 se publicó en Regeneración un extenso reconocimiento al “viril colega” Vésper así como un gran reconocimiento a la labor “honrada” y periodística de Juana. A partir de ese momento, Juana, Elisa y los hermanos Flores Magón tuvieron un constante intercambio epistolar, enfocado principalmente a externar sus ideales políticos, ya que ambos eran opositores a la dictadura. 

Pese a compartir con los fundadores de Regeneración momentos difíciles de represión, de emigrar junto con ellos a Estados Unidos y de convivir en la misma casa, al paso del tiempo empezaron a marcarse diferencias entre el grupo. Hubo una clara división entre Ricardo Flores Magón, anarquista, y Camilo Arriaga, liberal y democrático. Juana y Elisa tomaron partido por este último, lo que provocó un fuerte distanciamiento con los Flores Magón. 

Juana reaccionó ecuánime y con dignidad, lamentó que un hombre inteligente reaccionara de una manera intolerante, pero sobre todo lamentó que su compromiso con la causa liberal no fuera valorado y que para desprestigiarla se recurriera a manchar su honor de mujer, una reacción que ella jamás tendría ni con su peor enemigo. Al mismo tiempo, Juana escribió también a Crescencio Martínez, el primero de abril de 1906 y con gran decisión aseguró:

Perdóneme si no entiendo a qué llama usted pasión, por lo que se refiere al desprecio para los enemigos, yo hago una distinción, si usted me lo permite: a mis enemigos personales, si los tuviera, me reservaría el derecho a tratarlos como se me ocurriera y no le daría a nadie permiso de que hicieran indicaciones sobre el particular; pero a los enemigos de la Patria y de los principios que defiendo no tengo derecho a despreciarlos, tengo el deber de castigarlos (Villeda, 1994: 45).

Juana y Elisa siguieron con sus ideales y al término de la guerra revolucionaria, la primera continua en su lucha social fue de las activistas por el voto femenino, en tanto Acuña se integró a la vida de funcionaria del México Posrevolucionario. 

A la par de ellas, durante la Revolución mexicana otra mujer heredaba con orgullo la publicación política y crítica que había fundado su esposo y que presentaba el sencillo título de Juan Panadero, se llamó Guadalupe Rojo y contrajo nupcias con el periodista Casimiro Alvarado. Cuando éste fundó su diario permitió que su esposa lo apoyara en cuestiones de imprenta y hasta de distribución, lo que le permitió a Guadalupe conocer poco a poco el proceso de creación de un periódico. Al mismo tiempo, los artículos publicados la hicieron descubrir un México desconocido para ella: hambre, injusticia, explotación, privilegios para unos cuantos y muerte. La denuncia constante que caracterizó a los artículos insertados en Juan Panadero lo señaló como una publicación no grata para Porfirio Díaz.

Fue entonces cuando el matrimonio Alvarado padeció la represión porfirista: les destruyeron decenas de veces sus máquinas impresoras, les clausuraban sus oficinas, los perseguían y los encarcelaban. La mayor amenaza se cumplió cuando su esposo murió, envenenado por un médico cómplice del gobierno. Si bien el dolor y la indignación mermaron su existencia, Guadalupe Rojo no solamente lloró la ausencia del hombre que amaba: por convicción propia, heredó el oficio del marido. Más que un acto de venganza su decisión representó la posibilidad de mantener la esperanza de destruir a la dictadura que tanto daño le hacía al país.

Vestida de negro, regresó a la oficina de Juan Panadero para ejercer un periodismo crítico y valiente. La publicación jamás perdió el tono de denuncia ni la línea antiporfirista. En situaciones como ésta el gobierno no hacía distinciones entre hombres y mujeres, por lo tanto, fue contundentemente represor de la actividad periodística que la señora Rojo desempeñó.

Diez veces pisó la cárcel y allí aprendió el sonido del silencio, estuvo atrapada en el hueco del olvido y miró pasar las noches invadida de urgencias y sin aliento. Diez veces estuvo encerrada sumergida en un mar de impaciencia aguardando el momento de la libertad, intentando no hacer más preguntas, pero sí buscando respuestas convincentes a su lucha. En una de esas tantas veces que fue enclaustrada en la cárcel de Belém, una madrugada fue sacada de ahí con lujo de violencia y enviada a Yautepec, a disposición del jefe político del lugar que dio órdenes a una carcelera de envenenar a la viuda de Alvarado. Pero Guadalupe Rojo supo ganarse a la que sería su verdugo y esto impidió que consumara su acto. La gente que la conocía ya se había enterado del traslado clandestino y organizó un motín popular que logró liberarla.

Enemiga declarada de Porfirio Díaz, se unió a la causa maderista y años después coincidió con los ideales de las mujeres carrancistas y junto con ellas apoyó al viejo caudillo. Después de que fue promulgada la Constitución de 1917, el gobierno la pensionó. Sin embargo, el dinero recibido no fue suficiente para ella y su hija Alejandra. Poco a poco la situación de extrema pobreza aminoró más su salud, disminuida con los encierros y las persecuciones que sufrió por sus ideales políticos. En condiciones deplorables y sin nada que heredar a su hija, Guadalupe Rojo murió en el olvido a los 66 años de edad, el 15 de agosto de 1922.

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Autor:

Elvira Hernández Carballido

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