Para combatir esta pandemia, se ha recurrido al distanciamiento social, con el encierro como forma severa, y que ha sido un correlato compartido durante meses por millones de personas. "Covid-19. Apuntes desde el timeout" recoge textos que, en conjunto, dan un panorama de asuntos que podrían llegar a diluirse frente a narraciones oficiales que habrán de contarse sobre la cuarentena, derivada de la covid-19.

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Covid El espacio que somos: nuevas formas de pensar el espacio en tiempos de pandemia

Covid El espacio que somos: nuevas formas de pensar el espacio en tiempos de pandemia

Escrito por Enid Carrillo, 05 Oct · No. de Visita: 196


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La globalización es uno de los procesos que más han desafiado el poder del territorio. Cuando las dinámicas económicas comenzaron a desterritorializarse y las fuerzas del mercado superaron a las de los Estados-nación, se creó una nueva geografía mundial que pronto habría de transformar nuestras formas de vivir y pensar el espacio.

Este 2020, un virus le ha devuelto su poder al territorio y nos ha puesto de frente a las limitaciones de nuestros cuerpos. Desde el entendimiento del cuerpo como el primer gran espacio que habitamos, pasando por el espacio casa, el espacio calle, el espacio ciudad, la forma de vivir lo que está ocurriendo se despliega y visibiliza en el espacio tangible.

La experiencia espacial de la pandemia es distinta para todos. Si bien existe una noción global de la crisis, la forma de habitar este desastre está muy arraigada a la materialidad del espacio, por tanto, la manera de vivir esta contingencia está atravesada por las relaciones de poder que se dan en torno al espacio y al territorio.

Existen agentes que controlan el espacio como los gobiernos de los países y de todas sus escalas de división política; actores clave que gestionan, ordenan, venden y producen espacio, como las grandes constructoras de vivienda y obra pública. Existen, también, actores que producen ese espacio de forma simbólica y quienes incluso venden una narrativa del espacio, como es el caso de la industria turística.

En el campo académico hay grandes debates y reflexiones sobre el papel del espacio en la vida social. Geógrafos, arquitectos, antropólogos, urbanistas y otros especialistas de diversas disciplinas han estudiado y definido el papel del espacio en la producción del mundo.

El espacio es entendido como un medio físico en el que se sitúan los cuerpos y los movimientos, de ahí que la interpretación del concepto posibilite debates desde las más diversas disciplinas, pues pensar los significados del espacio y sus implicaciones en el entendimiento del mundo requiere una extensa reflexión que permita situarnos frente a un concepto fundamental en esta crisis de salud mundial.

Este análisis gira en torno a tres concepciones sobre el espacio que, desde mi óptica personal, pero también desde mi experiencia, como docente, como mujer, como joven latinoamericana, han sido relevantes para entender cómo somos (y tal vez, seremos) afectados por este momento histórico sin precedente.

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Espacio cuerpo

En el cuerpo comienza y termina todo. En la reflexión sobre el espacio, el papel del cuerpo es bastante interesante, pues éste ha sido pensado como un lugar, como un espacio que se habita. Desde la filosofía griega, Platón y otros pensadores ya reflexionaban sobre la corporalidad y su función como una jaula o cárcel del alma. El cuerpo encierra, pero también contiene. El cuerpo y su forma nos humaniza, nos hace complejos, nos fragiliza.

En arquitectura y urbanismo existe una noción denominada “escala humana” que tiene como punto de referencia la medida del cuerpo para la producción de espacios o construcciones. Autores como Merleau-Ponty, desde su filosofía de la percepción y el arquitecto Juhani Pallasmaa piensan en el cuerpo como “lugar de la percepción”, el cuerpo como medida de todas las cosas que los humanos hemos construido. Y es que no puede ser de otra forma.

La crisis del covid-19 es una crisis del cuerpo y, en consecuencia, de todo lo que está construido a medida de éste. La amenaza recae sobre nuestra corporalidad. Es el cuerpo el blanco de todas las precauciones y también de todas las sospechas. Es nuestro cuerpo el primero en sufrir las consecuencias de la contingencia. Hemos debido pausarlos, arrancarlos de golpe de todo lo que era familiar para ellos.

Ésta se ha convertido en una batalla del cuerpo contra el cuerpo. Intentamos protegerlo de su propia fragilidad, pero también de su propia naturaleza: la de tocar. Ahora más que nunca, nos hemos hecho conscientes de nuestro cuerpo y de las conexiones que creamos desde nuestra corporalidad. El cuerpo es un asunto de política, ya lo afirmaron pensadores como Foucault y Agamben, en el cuerpo (y a través del cuerpo) se ejerce el poder.

Y este momento de la historia no es la excepción. Pareciera que en esta crisis, los gobiernos se interesan por mantenernos a salvo, pero ése es un tema que deberíamos mirar con detenimiento. Pues, históricamente, hay cuerpos que nunca han importado y que incluso hoy, siguen sin importar: el cuerpo de mujer, el cuerpo viejo, el cuerpo negro, el cuerpo transexual; el cuerpo latinoamericano, el cuerpo moreno; el cuerpo pobre, el cuerpo obrero.

¿Cómo sufren estos cuerpos la pandemia? La experiencia se ve distinta desde la periferia, siempre será así. Si bien todas las personas estamos en riesgo y hemos vivido los efectos de la cuarentena, pensar al cuerpo como un espacio en el que se vive la pandemia, nos permite comprender el comportamiento de las desigualdades.

El virus no discrimina, es verdad; pero la política sí y en el cuerpo hay mucha política. Silvia Federici, teórica feminista defiende que “el cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de explotación y resistencia” (Federici, 2010, p. 29).

Me gusta el uso que hace Federici de la palabra “territorio” porque nos devuelve a la noción de espacio, del cuerpo como un lugar para el intercambio económico, pero también para la desobediencia. Pero el que resiste, se violenta, ya nos lo ha enseñado la historia.

Durante la contingencia, los casos de violencia doméstica contra mujeres han incrementado escandalosamente. Las mujeres no solo enfrentamos la fragilidad de nuestro cuerpo frente al virus, lo hacemos también frente a la presencia de otros cuerpos que violentan y lastiman. Y esos cuerpos han estado allí desde siempre.

¿Cómo es habitar un espacio que se violenta? Con honestidad, no lo sé. Soy una mujer que entra en la etiqueta de “privilegiada” sólo porque nunca he vivido violencia doméstica (como si en realidad no hubiera experimentado los otros tipos de violencia sistémica). Si el cuerpo es una casa, ¿cómo será vivir en una casa en ruinas, destrozada por las bombas de una guerra invisible? Pensar en el cuerpo como un campo minado es en sí doloroso, pero habitar un cuerpo que lo sea, me resulta insoportable.

Sé que hay millones de mujeres y niñas en el mundo a las que esta crisis les quitará la vida2. Y sé también que no morirán por el virus, lo harán por la violencia. Y sé, también, que habrá mujeres a las que se les ha duplicado o triplicado la carga de trabajo haciendo todas las labores reproductivas en sus hogares, limpiando, cocinando, haciendo las compras. Y todo eso es algo que les pasará solo a “los cuerpos de mujer”…

Si volvemos a la reflexión de Federici, en su analogía del cuerpo de las mujeres con el cuerpo obrero, se compara la forma en la que ambos viven la desigualdad. Cuando el cuerpo se convierte en una moneda de cambio, la violencia se expresa de forma más clara. En el mundo hay millones de trabajadores que no pudieron acceder a oportunidades laborales ni educativas que garantizaran la supervivencia en condiciones como ésta (y seguramente en ninguna otra condición). Estos trabajadores son los cuerpos ya vulnerados que en plena crisis se han vuelto más frágiles que nunca, pues son aquellas personas que no pueden mantenerse a salvo en su casa hasta que la tragedia se contenga.

Esto nos deja muy en claro cuáles son los cuerpos que importan, los cuerpos hegemónicos para los que los criterios y la escala de valores se transforman; cuerpos privilegiados, ausentes de toda complicación por el coronavirus. Por ello es importante cuestionar el papel de nuestra corporalidad en el mundo, no sólo como una categoría de análisis social y política, sino como un ejercicio filosófico que nos permita comprender la relevancia del único espacio que es verdaderamente nuestro porque tal vez cuerpo es lo único que somos.

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Autor:

Enid Carrillo

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