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Haiga, vistes, naiden

Haiga, vistes, naiden

Escrito por Daniel Escorza, 27 Jul · No. de Visita: 87


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En las ciudades y pueblos de nuestro México todavía hay quienes usan estas palabras en el habla de la vida diaria.

A primera vista (o a primer oído) parece una incorrección verbal. Algunas personas con buenas intenciones corrigen con cierta cortesía a los hablantes o escribientes que utilizan estas formas verbales o nominales. Otros, con franca arrogancia y con un dejo petulante afirman tajantes: “no se dice haiga, sino haya”. En las redes sociales hay quien hace escarnio de quienes utilizan el “haiga”, “hicistes” y otras voces semejantes. Lo cierto es que estas palabras forman parte de lo que en el español conocemos como arcaísmos, es decir, palabras consideradas antiguas y que ya no se utilizan en determinados lugares. Son voces que provienen de la España del siglo xvi, de la época en la que los conquistadores peninsulares llegaron a estas tierras. Son palabras que utilizaban tanto Hernán Cortés como Miguel de Cervantes Saavedra.

 

Al respecto, el buen amigo Enrique Rivas Paniagua, en su interesante y poco conocido libro Picudos y deslenguados, señala que quien utiliza este tipo de lenguaje “no comete errores gramaticales, no usa formas inexactas, sino antiguas”.

En efecto, quienes dicen: “dizque es doitor” (dice que es doctor), “ya se dilató” (ya se demoró), “no hay naiden” (no hay nadie), “yo lo vide primero” (yo lo vi primero), “truje muncho maíz” (traje mucho maíz), “ansina va la cosa” (así va la cosa), “¿platicastes con ella?...” (¿platicaste con ella?) no hablan mal español, simplemente hablan como lo hacían antiguamente en España, es decir, son giros idiomáticos hoy considerados como arcaísmos o lenguaje antiguo. Es común que en muchas zonas rurales de nuestro estado de Hidalgo sus habitantes sigan expresándose de esta manera.

 

El Diccionario de la lengua española señala que un arcaísmo es (en su segunda acepción) un “elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. Pero cabe preguntar, ¿qué es lo “anticuado”? El mismo diccionario indica: “dicho de una cosa: Pasada de moda o propia de otra época”.1

Así, tenemos que esta definición de las academias es muy engañosa, ya que para muchos hablantes del español estos términos no están “pasados de moda”. En algunos casos no se perciben como anticuados, sino como incorrectos. Quizá resulten anticuados en la península ibérica, pero en América y particularmente en México se utilizan con frecuencia.

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Algunos arcaísmos suelen evitarse por considerarse errores idiomáticos o verbales, como los que ya mencionamos arriba, o por ejemplo: afigurar (figurarse), alevantarse (levantarse), arrempujar (empujar), afusilar (fusilar), gente (persona), hablastes (hablaste), vistes (viste), fuistes (fuiste), haiga (haya), traiba (traiga). A pesar de lo cual, es común escucharlos en el habla cotidiana; en dichos y canciones populares se siguen utilizando, por ejemplo: “…alevántate y oye mi triste canción…” o “A lo que te truje, Chencha”. ¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como: “Fulanita es bien gente”? Con ello se quiere decir que Fulanita es una persona decente o de buenos sentimientos. La conjugación de verbos en pasado de la segunda persona: hablastes, fuistes, comistes, hicistes, llegastes, entre otras, provienen del hablasteis, fuisteis, comisteis, que en España, tanto la de Cervantes como en la del siglo XXI, se utiliza comúnmente.

 

Existen otros vocablos denominados como arcaísmos que en México se utilizan cotidianamente, pero que probablemente en España ya están en desuso; por ejemplo: recibirse (obtener un grado académico o graduarse), “ya se recibió de licenciado”. Prometer (asegurar o afirmar un acontecimiento o situación), “te prometo que sí estuve en la fiesta”. En este caso se utiliza el verbo “prometer” para asegurar algo que ya sucedió, y no algo que está por suceder.

Bravo (estar enojado), “el señor estaba muy bravo y fue a reclamarle a la cajera”. Cobija (ropa de cama abrigadora), “ella utiliza tres cobijas porque tiene frío”. Chapa (cerradura de las puertas), “ya se descompuso la chapa de la puerta principal”.

Colorado (indecente u obsceno), “él siempre cuenta chistes colorados”. Desvestirse (desnudarse o quitarse la ropa), “para entrar a la alberca tuvo que desvestirse”. Valija (maleta, o el nahuatlismo petaca), “le perdieron su valija en la central de autobuses”. Alzar (recoger o levantar algo del piso), “alza tu ropa porque me tropiezo”. Pararse (ponerse de pie), “párense porque entró el director”. Prieto (de color moreno u obscuro), “el nuevo maestro está bien prieto”.

Finalmente, hay expresiones que no se consideran errores y que son utilizadas con frecuencia en México, no obstante ser consideradas arcaísmos. Por ejemplo la voz “se me hace que…”, en donde el verbo “hacer” tiene una connotación especial. El filólogo José G. Moreno de Alba, en su libro Minucias del Lenguaje, consigna esta voz como arcaísmo que sigue utilizándose y cuya antigüedad proviene del mismo Miguel de Cervantes Saavedra. Dice, por ejemplo, “… las manadas que a don Quijote se le hicieron ejércitos”. En donde “se le hicieron” equivale a se le figuraron o le parecieron. Así, en el México de hoy es común escuchar frases como: “se me hace que estás enamorado” o “que se me hace que me estás tomando el pelo”, o “¿no se te hace que te estás pasando de la raya?”.

Otro ejemplo es el adverbio locativo “donde”, que en México puede adquirir otro sentido no precisamente de lugar, sino condicionante en voces como: “donde no me pagues, te golpeo”, o “donde que está muy difícil”.

Si bien existe ya un consenso en las voces que “suenan mal” o que son incorrecciones idiomáticas, no hay que olvidar que muchas de éstas son antiguas. No son errores.

Por lo tanto, hay que considerar que la gente del campo o de los suburbios citadinos no habla “mal”, simplemente reproduce el español de hace siglos. Eso le da vitalidad a nuestra lengua.

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Autor:

Daniel Escorza

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