Este texto fue uno de los ganadores del Clan de letras edición febrero cuya temática fue infidelidad y desamor.

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Aman-tres

Aman-tres

Escrito por Gabriela Cruz, 19 Mar · No. de Visita: 147


¡Cuánto disfruté el momento preciso en que llegó tu esposa! Habría querido que siguiéramos siendo amigas, sin que ella siquiera imaginara que cuando nos despedíamos ya estaba fijada la próxima hora, día y lugar para vernos tú y yo.

El día que te conocí, cuando llegué a la colonia, noté tu mirada y te elegí. Nos saludamos, me presentaste a tu mujer y me agradó tanto que entonces pensé en una gran amistad. Ya sé que dicen que no se puede tener todo en la vida, pero una amiga y un amante ¿por qué no?

Después de algunos desayunos, clases de pilates, compras en el súper e idas al café, ella ya era mi amiga y yo su confidente. Supe de tu caballerosidad, tu excelente desempeño en el trabajo y en la casa, además del esmero por complacerla y ser el esposo modelo.

Comencé a desearte tanto que bastó con la ausencia de ella un par de días para que yo aprovechara. Hubo oportunidad de algunos tragos, una que otra película romántica, una cena inesperada y ya estabas en mi cama. Cuando regresó todo había sido planeado para futuros encuentros sin levantar sospechas. Así pasaron algunos meses.

Fui deseándote más, pero también fui queriéndola a ella. Tenerlos cerca me mantenía arraigada a ese lugar en donde pensé estar un tiempo corto, sólo mientras mi anterior amante dejaba de buscarme.

Tú y yo sabíamos cómo era. No planeábamos complicar las cosas. Los tres nos queríamos, yo los quería. Disfrutaba nuestra convivencia como amigos, pero quise que acabara, ella era demasiado buena con los dos y yo ya no podía con eso. La engañabas y no se lo merecía. Ahí estaría yo para consolarla, después de todo, a mí me perdonaría por ser mujer, a ti te odiaría el resto de su vida.

Estábamos en la cama, a la que por cierto llegaste con prisa porque había poco tiempo, pero no te aguantabas las ganas. Dejé un mensaje en su celular para pedirle ayuda. A propósito, dejé entreabierta la puerta. Ella acudió al llamado, pero todo salió mal. Nos vio, no hubo gritos, sólo miradas y llanto. Salió corriendo, tú fuiste tras ella y así los perdí a los dos.

Ahora los extraño tanto que no paro de imaginarlos, mientras observo a mis nuevos vecinos, tienen unos niños hermosos, se ven felices. Creo que haré buenos amigos esta vez.


Autor:

Gabriela Cruz

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