Este texto fue uno de los ganadores del Clan de letras edición noviembre con temática libre

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Die dümmste Geschichte, die niemals erzählt wurde

Die dümmste Geschichte, die niemals erzählt wurde

Escrito por Erasmo W. Neumann, 12 Dec · No. de Visita: 151


“Soy un tarado: ¡aplasté un pescado!”[1]

Homer J. Simpson

 

Por aburrimiento, y quizá también por morbo, mi esposa y yo nos sentamos a ver una película titulada The Fanatic. Puesto que la protagonizaba John Travolta creímos que, cuando menos, sería tan mala que resultaría buena, pero al revelar los créditos de entrada que la dirigía Fred Durst sospechamos que sería un desastre. No nos equivocamos: fue tan aburrida y decadente que a menos de una hora de reproducción queríamos detenerla. Aguantamos, sin embargo, hasta el final, con cuantiosas pausas para señalar los sinsentidos de la narración. Más tarde descubrimos que figuraba en más de una lista del peor cine de 2019, y si bien poco podía esperarse de alguien que se proclamó cineasta de la noche a la mañana, coincidíamos en que la auténtica víctima de ese fiasco era Travolta, quien pese a sus mejores esfuerzos llevaba más de una década atrapado en una espiral catastrófica. Seguro que al leer el guión pensó que el papel era digno de un Oscar; que sería su Forrest Gump, su Trevor Reznik o una cosa así. Y quizá lo habría sido con alguien más competente al volante.

            Tan pronto llegamos a esa conclusión, sorprendí a mi esposa mirándome como hace cada que tiene una idea.

            —¿A la máquina del tiempo? —preguntó.

            —Sí —respondí y apuré el último trago de mi café—. A la máquina del tiempo.

            Fuimos a la cochera y echamos a andar el aparato. Ochenta y ocho millas por hora después estábamos en Los Ángeles de 1978, año en que Grease consolidó a Travolta como la estrella juvenil del momento. Sabíamos que por su obsesión con la cienciología no sería difícil acercarnos a él y convencerlo de que éramos visitantes de otra línea espacio-temporal.

            —Estamos aquí para evitar que estropees tu futuro —le habló mi mujer—, así que presta atención: en 1997 surgirá en Florida una banda de rock llamada Limp Bizkit...

            —¿Limp Bizkit? —interrumpió el actor—. ¡Suena como un panecillo rancio! ¿A quién carajo se le ocurrió eso?

            —¡Nada menos que al imbécil que destruirá tu carrera si no guardas silencio! Escucha: el cantante de ese conjunto, un cretino llamado Fred Durst, se convertirá en director de cine cuando su música pase de moda, y en exactamente cuarenta años te buscará para ofrecerte el papel principal en una película llamada The Fanatic.

            —¡Eh! No suena como un mal título...

            —¡Lo es, pedazo de alcornoque! Si participas en ella, ganarás tu tercer Razzie y ya nadie en Hollywood querrá trabajar contigo.

            —¿Razzie? ¿Qué es un Ra—?

            —¡Eso no importa! El punto es que si deseas permanecer en esta industria debes evitar al papanatas de Durst a toda costa.

            —¡Y quedarte con Tarantino! —añadí.

            —¡En efecto! —subrayó mi esposa—. Cuando un hombre llamado Quentin Tarantino llegue a salvar tu carrera en el 94, aceptarás todos y cada uno de los papeles que te ofrezca. ¡Todos!

            —Tarantino bueno; Durst malo —expliqué con un canturreo.

            Travolta tenía los ojos desorbitados por el miedo y la confusión.

            —Déjenme ver si entendí —recapituló—. Durst bueno; Tarantino ma—

            Mi esposa lo hizo callar con una bofetada y lo cogió por el cuello de la camisa.

            —¡No, tonto! —exclamó ella—. Tarantino bueno; Durst malo. ¡Repítelo!

            —¡Tarantino bueno; Durst malo! ¡Tarantino bueno; Durst malo! ¡Ya me quedó claro, lo juro!

            —¡Más te vale! Es tu vida la que está en juego.

            Dicho eso, lo abandonamos en el lote del estudio y regresamos al presente. Demoramos unos segundos solamente, pero muchas cosas cambiaron en la historia del entretenimiento mientras tanto. Y no precisamente para bien...

            Sucedió que Travolta se tomó nuestra visita tan en serio que, al colapsar su fama a principios de los 90, viajó a Florida para, cual Terminator, rastrear y eliminar a Frederick “Fred” Durst. Dos chicos inocentes murieron antes de que diera con el correcto. Encima, los mató con tal torpeza que la policía no tardó en culparlo y arrestarlo. Fue a prisión en medio de un vendaval mediático, después de todo, no todos los días una celebridad venida a menos se torna asesino en serie.

            Al escándalo siguió una avalancha de calamidades. En primer lugar, al no tener disponible a Travolta, Tarantino le ofreció el papel de Vincent Vega a Nicolas Cage. Su estrafalaria actuación hizo de Pulp Fiction un desastre crítico, y ello sepultó la reputación del director en la infamia. En segundo, el homicidio de alto perfil confirió a Fred Durst un estatus de mártir equiparable al de Kurt Cobain, situación que sus colegas aprovecharon para convertir a Limp Bizkit en el acto de metal más aclamado de la década. Por último, Travolta fue condenado a muerte por una corte del estado de Florida. Pasó siete años encerrado antes de que le aplicaran la inyección letal. Siempre sostuvo que dos viajeros en el tiempo lo incitaron a cometer el crimen. Incluso escribió un libro en el que describía nuestro encuentro a detalle. Nadie le creyó, por supuesto, y su recuento fue calificado por la prensa como “la historia más estúpida jamás contada”. Ése, precisamente, fue el título de la adaptación al cine realizada a una década de su ejecución, con un actor novato llamado Tommy Wiseau en el papel principal. Quiso el destino que la produjera y dirigiera el mismísimo Quentin Tarantino, cuya carrera fue revitalizada gracias el éxito de la cinta.

            Mi esposa y yo nos quedamos sin palabras al descubrir las consecuencias de nuestra intromisión temporal. El crononauta, sin embargo, aprende a tomarlas por algo inevitable, acaso normal, y, sin más, cada quien se entregó a sus actividades vespertinas.

            —Es una lástima —concluyó ella mientras amasaba—. Pero, a fin de cuentas, peores debacles ha ocasionado un almanaque deportivo, ¿no lo crees?

            —Sí —respondí tras la pantalla del ordenador—. Tienes razón... ¿Quieres ver una película?

            —Vale. ¿Por qué no pones esa sobre lo de Travolta? Muero por saber quién me interpretó...

 

A Angélica.

Gracias por las películas y las risas.

 

 


[1]I wish, I wish, I hadn’t killed that fish” en el original. The Simpsons. Del episodio “Time and Punishment”. Guión de Greg Daniels, Dan McGrath, David X. Cohen & Bob Kushell. 1991. Traducción de TV Azteca.

 

Autor:

Erasmo W. Neumann

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